Los ángeles
Primer artículo del credo: Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Introducción: ¿Quiénes son los ángeles? Los ángeles pertenecen al mundo de lo invisible. Fueron creados antes que los hombres y algo superiores a ellos; estos son seres intelectuales e inmateriales, quienes cumplen también una misión, colaborando en el plan divino. Vamos a revisar estos conceptos con el Catecismo (el compendio) y el manual de teología dogmática de Bujanda.
Dice el catecismo acerca de los ángeles (compendio):
59. ¿Qué ha creado Dios?
La Sagrada Escritura dice: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Génesis 1, 1). La Iglesia, en su profesión de fe, proclama que Dios es creador de todas las cosas visible e invisibles: de todos los seres espirituales y materiales, esto es, de los ángeles y del mundo visible y, en particular, del hombre.
60. ¿Quiénes son los ángeles?
Los ángeles son criaturas puramente espirituales, incorpóreas, invisibles e inmortales; son seres personales dotados de inteligencia y voluntad. Los ángeles, contemplando cara cara incesantemente a Dios, lo glorifican, lo sirven y son sus mensajeros en el cumplimiento de la misión de salvación para todos los hombres.
61. ¿de qué modo están presentes los ángeles en la vida de la Iglesia?
La Iglesia se une a los ángeles para adorar a Dios, invoca la asistencia de los ángeles y celebra litúrgicamente la memoria de alguno de ellos.
74. ¿Qué es la caída de los ángeles?
Con la expresión “la caída de los ángeles” se indica que Satanás y los otros demonios, de los que hablan la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, eran inicialmente ángeles creados buenos por Dios que se transformaron en malvados porque rechazaron a Dios y a su Reino, mediante libre e irrevocable elección, dando así origen al infierno. Los demonios intentan asociar al hombre a su rebelión contra Dios, pero Dios afirma en Cristo su segura victoria sobre el Maligno.
Los ángeles, según manual de teología
Vamos ahora a profundizar en el tema siguiendo uno de los capítulos del Manual de teología dogmática de Bujanda:
Existencia de los ángeles:
La palabra “ángel” es de origen griego y significa anunciador; y la palabra en hebreo para designarlos significa enviado. Todos ellos son enviados del Señor.
La Iglesia ha instituido fiestas en honor de los ángeles custodios en general, y de San Miguel, San Gabriel y San Rafael en particular.
La Escritura nos habla de ellos en diversos pasajes.
-El ángel San Rafael, habla e interactúa con Tobías y su familia. (Libro de Tobías 12, 17 y sigs).
-El ángel San Gabriel anuncia a María la encarnación del Verbo y el nacimiento próximo del Bautista. (San Lucas 1, 30 y sigs).
-Un ángel anuncia a las mujeres, que van el domingo de resurrección al sepulcro de Jesús, como éste ya ha resucitado. (Mateo 28, 5).
-San Pablo dice, hablando de los ángeles que “todos son espíritus ministros de Dios, de quienes se sirve para guardar a aquellos que se han de salvar”. Hebreos 1, 14.
Los ángeles son inmateriales e incorpóreos. Es doctrina cierta.
Decimos que una cosa es corpórea cuando es material. El alma en cambio es inmaterial, pero algo tiene de corpórea, porque Dios la ha destinado a unirse naturalmente con el cuerpo para formar el hombre. Los ángeles en cambio son puramente espirituales e inmateriales y no están destinados a unirse a materia alguna. Hoy en día, los teólogos católicos afirman unánimemente la perfecta espiritualidad de los ángeles.
-La escritura al hablar del alma se refiere a mi espíritu o al espíritu que está en el hombre. “Señor Jesús, recibe mi espíritu” clamaba el protomártir San Esteban mientras le apedreaban. (Hechos 7, 59). Dice También San Pablo, “¿Quién de los hombres sabe lo que pasa en el interior del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él?” (1 Corintios 2, 11).
Ángeles con apariencia de hombres:

La Escritura nos habla frecuentemente de que los ángeles aparecen en figura de hombres, hablan y comen como ellos.
Es verdad que aparecen en forma corporal, como apareció San Rafael a Tobías; pero desaparecen instantáneamente, sin dejar rastro de sí, lo cual no sucedería si tuvieran cuerpo como nosotros.
Aparentemente comen, como lo dice el mismo San Rafael a Tobías y a los suyos, “os parecía que comía y bebía con vosotros, pero yo tengo otra comida y bebida que no pueden ver los hombres”, comida y bebida que será parecida a la de Jesús cuando decía que “su alimento era hacer la voluntad de quien le había enviado”. El hecho de que coman como los hombres no arguye que tengan cuerpo real, sino aparente.
Cuando en la escritura se atribuye a los ángeles cuerpo material o propiedades exclusivas de los cuerpos, es, o porque realmente se revisten accidentalmente de figura corporal, o porque se personifica o se representa a los ángeles cual si obraran a la manera de los hombres.
La inmortalidad de los ángeles:
Inmortalidad es la propiedad que tiene un ser dotado de vida de no estar sujeto a la muerte, o de estar libre de morir.
Existen tres tipos de mortalidad;
-La inmortalidad de Dios se llama esencial. Por naturaleza no puede perder su vida en ningún caso, nadie se la puede quitar, ni él la puede perder.
-La inmortalidad por naturaleza, es la que tiene un ser dotado de vida, de estar libre de morir. Es el caso del alma y de los ángeles.
-Inmortalidad por gracia o favor del Señor.
Los hombres estamos hechos de cuerpo y alma y la experiencia nos enseña que el cuerpo después de algún tiempo es incapaz de seguir viviendo.
Dios podría hacer un milagro y conservarnos la vida, entonces seriamos inmortales. Es la inmortalidad que tendremos después de la resurrección.
El alma por el contrario seguirá viviendo eternamente, es inmortal por naturaleza.
Número de los ángeles:
Nos indica la escritura que es muy grande su número. Daniel nos dice que “miles de millares asistían ante el trono de Dios, y centenas de miles le servían” (Daniel 7, 10). Jesucristo dice a San Pedro, en el huerto de Getsemaní, que podía hacer oración a su Padre y este le enviaría más de dos legiones de ángeles (Mateo 26,53). San Pablo nos habla de Ingentes multitudes de ellos. (Hebreos 12, 22).
Diversidad de grados en los ángeles, o escala jerárquica:
Según las escrituras no son todos de la misma categoría, ni jerarquía; de San Miguel se dice es uno de los principales (Daniel 10, 13). También la Escritura nos habla de los Arcángeles (1 Tesalonisenses 4, 16), palabra que designa un grado superior al de ángeles.
En los mismos libros sagrados se distinguen con nueve nombres distintos: ángeles (1 Pedro 3, 22), arcángeles (1 Tesalonisenses 4, 16), principados, potestades, virtudes, dominaciones (Efesios 1, 21), tronos (Colosenses 1, 16), querubines (Génesis 6,24) y serafines (Isaías 6,2).
De aquí que sea corriente hablar de 9 coros de ángeles o grados en la jerarquía angélica.
Tiempo en que fueron creados los ángeles:
El sentir más corriente es el que dice que fueron creados al principio del mundo, al mismo tiempo que se formó la materia de la que se formaron después los cielos y la tierra.
Tiempo de prueba, pecado y castigo de los ángeles:
Según la doctrina se dice que los ángeles tuvieron su tiempo de prueba antes de recibir el premio o castigo que ahora tienen.
Los hombres hemos sido creados para hacer la voluntad de Dios en este mundo y recibir en la vida futura el premio correspondiente, o el castigo merecido si no la cumpliéremos. De un modo parecido quiso Dios que los ángeles tuviesen también su tiempo de prueba. Ni los buenos fueron creados en el estado de felicidad que ahora tienen, ni los malos (los demonios) en las penas que ahora sufren.
San Pedro nos dice en su segunda carta que los ángeles pecaron (“Dios no perdonó a los ángeles que pecaron”. 2 Pedro 2, 4). San Judas en su carta, nos enseña que fueron castigados con penas eternas (Judas 6). Observación a lo anterior. – los santos en el cielo no pueden pecar ni perder su felicidad; de otra manera el cielo dejaría de ser cielo si en él se pudiese pecar o estar con temor de perderlo.
Según la Doctrina, terminado el tiempo de la prueba, los ángeles que no pecaron gozan de la visión clara de Dios. Benedicto XII define que las almas de los que mueren en gracia de Dios y que no tienen nada que purgar, “están con Cristo en el paraíso celestial asociados a la compañía de los ángeles, por lo que unos y otros tienen el mismo premio».
En la Escritura, el libro del Apocalipsis nos muestra a ángeles y a los hombres juntos ante el trono del Altísimo (Apocalipsis 7, 9 y 11).
En una ocasión Jesucristo decía que se guardasen de escandalizar a los niños, “puesto que sus ángeles veían siempre el rostro de Dios” (Mateo 18, 10).
La Iglesia enseña en su magisterio que una parte de los ángeles pecó y fue condenada a tormentos eternos. En el concilio de Letrán quedó dicho por el testimonio de la tradición que “El diablo y los otros demonios fueron creados buenos por naturaleza, pero ellos se hicieron malos por su culpa”.
Dios Padre creador por su bondad hizo todas las criaturas intrínsecamente buenas por naturaleza, pero los ángeles demonios se hicieron malos por su culpa, porque pecaron.
Acerca del castigo, dice la Escritura que Dios “encadenó eternamente en las tinieblas” a los ángeles prevaricadores (San Judas 6). Dice también “apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que está preparado para Satanás y sus ángeles” (Mateo 25, 41).
¿En que consistió el pecado de los ángeles?
Según los teólogos fue un pecado de soberbia, es decir, de complacencia en su propia excelencia, con menoscabo del honor y respeto debido a Dios; elementos estos que pudiéramos decir entran en todo pecado, ya que al ofender a Dios preferimos nuestra propia voluntad, complaciéndonos en ella y desobedeciendo la divina.
Los ángeles, siendo superiores a los hombres, no experimentaron esa inclinación al pecado que sentimos los hombres, por otro lado con su gran inteligencia veían claramente el peligro al que se exponían al ofender a Dios, y, no obstante, con plena deliberación de lo que hacían, le ofendieron; y por lo mismo difícilmente se hubieran arrepentido de su culpa. Con su pecado se acabó el tiempo de su prueba y no tuvieron oportunidad de penitencia. Así lo enseñan comúnmente los teólogos, y se poyan en que, según las palabras de San Pedro (2 Pedro, 2, 4) “Dios no perdonó a los ángeles que pecaron”.
Los hombres, a diferencia de ellos, muchas veces pecan pero no permanecen obstinados y se corrigen, así que entre el pecado y la muerte Dios les concede muchas veces tiempo suficiente para arrepentirse, y con ello librarse del infierno y conseguir la gloria.
Los ángeles custodios, guías y protectores.

Dios confía a los ángeles la custodia de los hombres.
Es doctrina de fe que Dios envía a sus ángeles para guardar a los hombres, y es doctrina común entre los doctores de la Iglesia que todos tengamos uno particular, negarlo sería una temeridad.
En la escritura varias veces se hace alusión a la custodia de los ángeles.
El salmista (salmo 33, 8) nos dice que el ángel del Señor “pondrá su tienda (es decir, fijará su morada) en medio de los que temen a Dios y los sacará del peligro”.
Jesucristo, refiriéndose a los niños que ante sí tenía en cierta ocasión, dijo que “sus ángeles veían siempre el rostro de Dios” (Mateo 18, 10). La Iglesia considera que no solo los niños tienen su ángel sino todos los que forman el pueblo de Dios. Que lo tengan también los no cristianos es doctrina corriente en la Iglesia.
San Pablo nos enseña que “todos los ángeles son espíritus de los que Dios se sirve para guardar a aquellos que se han de salvar” (Hebreos 1, 14).
La Iglesia en su liturgia tiene instituida la fiesta de los ángeles custodios que se celebra el día 2 de octubre.
Canto al ángel de la guarda, música de Ennio Morricone, tema de la película «La misión»:
Traducción:
Ángel de Dios, que eres mi custodio, a quien la piedad divina me encomendó, Ilumíname, custódiame, rige y gobiérname. Amén.
Los demonios
Son los ángeles que se unieron a la rebelión contra Dios, durante su tiempo de prueba.
La Iglesia enseña en su magisterio que estos se ocupan de hacer caer a los hombres en pecado.
La Escritura advierte de esto diciendo “Sed sobrios y estad en vela, porque vuestro enemigo Satanás anda en derredor vuestro buscando a quien devorar” (1 Pedro 5, 8); y “Nuestra lucha no es contra seres de carne y sangre (como los hombres), sino contra principados, contra potestades, contra los gobernantes de este mundo tenebroso (del pecado), contra seres espirituales malos” (Efesios 6, 12).
Diversos nombres se dan a los demonios. Dice el concilio de Letrán (Cap 1 D. 428) que “El diablo y los otros demonios fueron creados buenos, pero ellos por su culpa se hicieron malos”.
La palabra diablo, en griego significa el calumniador o enemigo que en hebreo sería Satanás y significa el adversario, en español y latín se le da también el nombre de Lucifer; en la versión griega de la Biblia el profeta Isaías llama al rey de Babilonia con ese nombre, que significa lucero o portador de la aurora, «¿como has caído del cielo, astro brillante, hijo de la aurora?» (Isaías 14,12) para referirse a la caída del rey del mayor esplendor a la mayor miseria. Esa caída se tomó por los Santos Padres de la Iglesia como ejemplo o semejanza de la caída de Satanás del cielo al infierno; en español también se le da el nombre de Luzbel.
El diablo, se nos presenta en la Tradición y la Escritura como jefe de los espíritus malos a los que se llama demonios (ángeles caídos).
Del fuego del infierno dice Jesucristo que está preparado “para Satanás y sus ángeles” (Mateo 25, 41).
Posesión diabólica:
Los ángeles malos, o demonios, llegan a veces a morar de asiento en los hombres.
Cuando el demonio mora de asiento en un hombre, se dice que está poseído por este.
San Mateo, hablando de los demonios dice que Jesús “echaba con su palabra los espíritus” (Mateo 8, 16) de los hombres que estaban de ellos poseídos.
En San Lucas 8, 3 y sig. Nos refiere que Jesús preguntó a uno de los espíritus que se había apoderado de un hombre que nombre tenía, y le respondió que legión, porque eran muchos los espíritus que habían entrado en él.

En San Marcos 1, 32 y 34 el evangelista hace referencia a la curación de enfermos y expulsión de demonios, señalando dos fenómenos distintos. El pasaje nos cuenta que cierto día Jesús sanó a muchos que estaban aquejados de diversas enfermedades y expulsaba muchos demonios.
Los exorcistas:
La Iglesia ha instituido un rito para señalar a los ministros que han de echar a los demonios de los que de ellos están poseídos; es decir, la ordenación de los exorcistas. Por otro lado prohíbe que tal potestad se ejerza sin especial autorización, es como enseñarnos que tampoco debe creerse fácilmente que un hombre está realmente poseído.
Oración a San Miguel Arcángel:



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