CAMINANDO AL PARAISO

Doctrina católica


La Revelación : Sagradas Escrituras y Tradición Apostólica

Transmisión de la divina Revelación

En el monte Horeb, desde una zarza que ardía sin consumirse, Éxodo 3, 14 : «Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy. Así responderás a los Israelitas: Yo soy me ha enviado a vosotros».

131.1 Revelación: Revelar es descubrir una cosa que está velada o encubierta. Dios, por medio del mundo visible, nos descubre su existencia y sus atributos, como que es inteligente, poderoso y sabio; nos hace, pues, una revelación no directamente, sino por medio de sus criaturas; es una revelación impropiamente dicha. Revelación propiamente tal es aquella en que el mismo Dios en persona, o por medio de un legado suyo, escogido especialmente para eso, comunica algo a los hombres. Así, lo que Jesucristo nos enseñó es revelación propiamente dicha, porque Jesucristo, era Legado de Dios. Lo que enseñaron los Apóstoles es también revelación propiamente tal, porque enseñaban por mandato de Cristo lo que Cristo les había enseñado, o lo que Dios, por el Espíritu Santo, les inspiraba. (Manual de teología dogmática, P. Bujanda, S.I)

Catecismo de la Iglesia Católica (CiC) 3. ¿Cómo se puede conocer a Dios con la sola luz de la razón?

A partir de la creación, esto es, el mundo y la persona humana, el hombre, con la sola razón, puede con certeza conocer a Dios como origen y fin del universo y como sumo bien, verdad y belleza infinita.

Canción: «Sólo en Dios»

CiC 4. ¿Basta la sola luz de la razón para conocer el misterio de Dios?

Para conocer a Dios con la sola luz de la razón, el hombre encuentra muchas dificultades. Además no puede entrar por sí mismo en la intimidad del misterio divino. Por ello, Dios ha querido iluminarlo con su Revelación, no sólo acerca de las verdades que superan la comprensión humana, sino también sobre verdades religiosas y morales, que, aun siendo de por sí accesibles a la razón, de esta manera pueden ser conocidas por todos sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla de error.

CiC 6. ¿Qué revela Dios al hombre?

Dios, en su bondad y sabiduría, se revela al hombre. Por medio de acontecimientos y palabras, se revela a sí mismo y el designio de benevolencia que El mismo ha preestablecido desde la eternidad en Cristo en favor de los hombres.(…)

La Divina Revelación, tiene tres etapas:

CiC 7. ¿Cuáles son las primeras etapas de la Revelación de Dios?

Desde el principio Dios se manifiesta a Adán y Eva, nuestros primeros padres, y les invita a una íntima unión con El. Después de la caída, Dios no interrumpe su revelación, y les promete la salvación para toda su descendencia. Después del diluvio, establece con Noé una alianza que abraza a todos los seres vivientes.

Dios dijo a Noé y a sus hijos: Génesis 9, 13: » Yo pongo mi arco iris en las nubes, y él será la señal de la alianza entre mi y la tierra».
Lectura recomendada: Pacto de Dios con Noé, Génesis capítulo 9.

CiC.8. ¿Cuáles son las sucesivas etapas de la Revelación de Dios?

Dios escogió a Abram llamándolo a abandonar su tierra (Ur) para hacer de él “el padre de una multitud de naciones” (Gn 17, 5), y prometiéndole bendecir en él a “todas las naciones de la tierra” (Gn 12, 3). Los descendientes de Abram serán los depositarios de las promesas divinas hechas a los patriarcas.  Dios forma a Israel como su pueblo elegido, salvándolo de la esclavitud de Egipto, establece con él la alianza del Sinaí, y le da su Ley por medio de Moisés. Los profetas anuncian una radical redención del pueblo y una salvación que abrazará a todas las naciones en una alianza nueva y eterna. Del pueblo de Israel, de la estirpe de David, nacerá el Mesías: Jesús.

Moisés con las tablas de la ley (Mandamientos de la ley de Dios)

CiC 9. ¿Cuál es la plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios?

La plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios es la que Él mismo llevó a cabo en su Verbo encarnado, Jesucristo, mediador y plenitud de la Revelación. En cuanto Hijo Unigénito de Dios hecho hombre. Él es la Palabra perfecta y definitiva del Padre. Con la venida del Hijo y el don del Espíritu, la Revelación ya se ha cumplido plenamente, aunque la fe de la Iglesia deberá comprender gradualmente todo su alcance a lo largo de los siglos.

“Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar” (San Juan de la Cruz).

Jesucristo, el cordero expiatorio.
Jaculatoria de la coronilla de la misericordia: Por la pasión dolorosa de Jesús, tened misericordia de nosotros y del mundo entero.

Canon de las Escrituras

CiC 20. ¿Qué es el canon de las Escrituras?

El canon de las Escrituras es el elenco (catálogo) completo de todos los escritos que la Tradición Apostólica (se explica más abajo) ha hecho discernir a la Iglesia como sagrados. Tal canon comprende 46 escritos del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo.

( En la entrada «Biblia – descripción y contenido», están enumerados todos los libros )

El libro de la Verdad

CiC 18. ¿Porqué decimos que la Sagrada Escritura enseña la Verdad?

Decimos que La Sagrada Escritura enseña la Verdad porque Dios mismo es su autor: por eso afirmamos que está inspirada y enseña sin error las verdades necesarias para nuestra salvación. El Espíritu Santo ha inspirado en efecto, a los autores humanos de la Sagrada Escritura, los cuales han escrito lo que el Espíritu ha querido enseñarnos. La fe cristiana, sin embargo, no es una «religión del libro», sino de la Palabra de Dios, que no es «una palabra escrita y muda, sino el Verbo encarnado y vivo» (San Bernardo de Claraval).

Del manual de Teología dogmática, P, Jesús B. Según Concilio Vaticano 1: «si alguien negare que los libros de la Sagrada Escritura no están escritos por inspiración divina, sea anatema». Canon Número 4 sobre La Revelación. Constitución Dogmática «Dei Filius», Capítulo II: De Revelatione, donde se habla de la inspiración de la S. Escritura, también confirma como sagrados y canónicos los libros del Antiguo y Nuevo Testamentos como se contienen en la Vulgata latina. Es dogma de fe.

Unidad entre Antiguo y Nuevo Testamento

CiC 23 ¿Qué unidad existe entre el Antiguo y el Nuevo testamento?

La Escritura es una porque es única Palabra de Dios, único proyecto salvífico de Dios y única la inspiración divina de ambos Testamentos. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste, da cumplimiento al Antiguo: ambos se iluminan recíprocamente.

Antiguo Testamento

CiC 21. ¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?

Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios: todos sus libros están divinamente inspirados y conservan un valor permanente, dan testimonio de la pedagogía divina del amor salvífico de Dios, y han sido escritos sobre todo para preparar la venida de Cristo Salvador del mundo.

Nuevo Testamento

Jesús le dijo a Pilatos: Juan 18, 37 (…) «Tu lo dices: yo soy rey. Yo para eso nací y para eso he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

CiC 22. ¿Qué importancia tiene el Nuevo Testamento para los Cristianos?

El Nuevo Testamento, cuyo centro es Jesucristo, nos transmite la verdad definitiva de la Revelación divina. En él, los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un lugar único en la Iglesia.

Tradición Apostólica

CiC 12. ¿Qué es la Tradición Apostólica?.

La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo.

Transmisión de la Palabra de Dios

CiC 13. ¿De qué modo se realiza la Tradición Apostólica?.

La Tradición Apostólica se realiza de dos modos: con la transmisión viva de la Palabra de Dios (también llamada simplemente Tradición) y con la Sagrada Escritura, que es el mismo anuncio de la salvación puesto por escrito.

Canción viejita. «Id y enseñar».

Depósito de la fe

CiC 14. ¿Qué relación existe entre Tradición y Sagrada Escritura?

La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas entre sí. En efecto, ambas hacen presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo, y surgen de la misma fuente divina: constituyen un solo sagrado depósito de la fe, del cual la Iglesia saca su propia certeza sobre todas las cosas reveladas.

La Tradición, Según, Manual de teología dogmática, P, Jesús Bujanda. Capítulo IV:

111. Del testimonio del Concilio Vaticano de Trento: «La revelación sobrenatural, según la fe universal de la Iglesia, declarada por el Santo Concilio de Trento, se contiene en los libros escritos y en las tradiciones no escritas, que, recibidas oralmente por los Apóstoles del mismo Cristo, o como entregadas por propia mano de los Apóstoles, a quienes el Espíritu Santo las dictara, llegaron hasta nosotros».

113. Los cristianos en el decurso de la historia, en sus libros, en sus obras de arte, en sus iglesias, en sus catacumbas o cementerios, en sus oraciones, en sus costumbres, en sus ritos religiosos, en sus festividades, han ido repitiendo y dejando allí estampado lo que los Apóstoles habían enseñado, como dicho por Jesucristo mismo a los Apóstoles, o como inspirado a éstos por el Espíritu Santo. Los obispos, reunidos en Concilio, han enseñado de una manera mas solemne algunas de estas verdades; los papas lo han hecho en sus escritos. Todo esto constituye la Tradición. Por ejemplo, en ninguna parte de las escrituras dice que las mujeres no puedan administrar la Extremaunción, y sin embargo, tenemos esa doctrina como verdad de fe conservada por la Tradición.

117. Fuera de esas dos fuentes, Escritura Sagrada y Tradición, no existe otra ninguna, sea filosofía, sea Ciencias Naturales, sea Historia religiosa o profana, en que se contenga la doctrina de la Iglesia. Podrán, eso si, esas ramas del saber humano ayudar a explicarla, pero nunca serán fuentes donde la Iglesia vaya a buscar las verdades que Jesucristo le confiara, como objeto que debe construir la doctrina de la religión. (…) La revelación hecha a la Iglesia se acabó con la muerte de los Apóstoles. Según el Concilio Vaticano :«Que no se prometió el Espíritu Santo a los sucesores de S. Pedro para que, revelándolo él, manifestasen nueva doctrina, sino para que con su asistencia custodiasen santamente y expusiesen con fidelidad la revelación o depósito de la fe transmitida por los Apóstoles.

Revelaciones privadas:

CiC 10: ¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?

Aunque no pertenecen al depósito de la fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.

Explicación: revelación privada se refiere por ejemplo a visiones y alocuciones de origen Divino dadas a un particular (santos, religiosos, beatos o personas corrientes) como lo fue la aparición de la Virgen de Fátima a los tres pastorcitos, las cuales fueron aprobadas por la Iglesia como verdaderas después de evaluar y discernir sobre ellas.

Canción «Maestro bueno». Apóstoles, pilares y maestros de una nueva generación de ciudadanos del cielo.

A la luz del Magisterio

CiC. 19.¿Cómo se debe leer la Sagrada Escritura?.

La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, según tres criterios: 1) atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura; 2) Lectura de la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia; 3) respeto de la analogía de la fe, es decir, de la cohesión entre las verdades de la fe.

Según el manual de teología, La norma suprema de interpretación en la Escritura es el Magisterio de la Iglesia y la Tradición.

Notas: El Magisterio reúne todo lo que la Iglesia enseña y custodia en materia de fe y costumbre. Subrayando un poco algunos aspectos, cohesión entre las verdades viene a entenderse como unión y coherencia, en ausencia de contradicciones. Escritura y Tradición son palabras claves, como ya vimos, juntas constituyen el depósito de la fe.

Interpretar las Escrituras fuera del Magisterio tiene el riesgo de aventurarse a caer en el error, o en herejías.

Alma de la teología y la pastoral

CiC 24. ¿Qué función tiene la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia?

La Sagrada Escritura proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia. Para sus hijos, es firmeza en la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la predicación pastoral. Dice el salmista: «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119, 105). Por esto la Iglesia exhorta (invita) a la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, pues «desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» (San Jerónimo).

2, Timoteo 15-17: Desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, las cuales pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por la fe en Jesucristo. Pues toda la Escritura divinamente inspirada es útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, dispuesto a hacer siempre el bien.

San Irineo, Regla de la fe cristiana:

Uno de los Padre de la Iglesia. Obispo de Lyon. Varón sapientísimo y martillo de las herejías de su tiempo. Proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa Francisco con el apelativo de Doctor Unidad.

Nación en Esmirna o en sus alrededores, hacia el año 150 y fue discípulo de San Policarpo mártir (discípulo de San Juan Apóstol). Venido a las Galias en los terribles días de la persecución (romana) del año 177 fue designado obispo de Lyon.

Nos queda de él, su gran obra de cinco libros contra la herejía, Adversus haereses, y le sitúa entre los más grandes Padres de la Iglesia. Se le ha llamado con justicia “El martillo de los herejes”.

La herejía, refutada por su doctísima pluma fue la propia de su tiempo, la gnosis. Esto fue Irineo, el amante de la tradición, de las enseñanzas apostólicas, como regla única de fe. El cristianismo es una religión revelada y en ello hay que situarlo todo. Las enseñanzas de los Apóstoles y sus inmediatos sucesores que recibieron la doctrina de los labios mismos de Jesús y se repartieron el mandato de el por todo el orbe para esparcir la buena y divina nueva, son la regla infalible de la verdad de nuestra religión.

Bibliografía: «El cristianismo , orígenes». Jesús Simón, S. J. ED Gráficas futura.

El Papa Francisco lo declaró Doctor de la Iglesia, con el título de “Doctor unitatis”. Año 2022. 

Nota de prensa: «San Ireneo de Lyon, venido de Oriente, ha ejercido su ministerio episcopal en Occidente: Él fue un puente espiritual y teológico entre cristianos orientales y occidentales», afirma el decreto del Santo Padre.

El decreto indica que «su nombre, Ireneo, expresa esa paz que viene del Señor y que reconcilia, reintegrando en la unidad. Por estos motivos, luego de haber tenido el parece de la Congregación de las Causas de los Santos, con mi Autoridad Apostólica, lo declaro Doctor de la Iglesia con el título de Doctor unitatis» (Doctor de la unidad).

«Que la doctrina de tan grande Maestro pueda alentar siempre más el camino de todos los discípulos del Señor hacia la plena comunión», concluye el decreto.

Los cuatro Evangelios, historicidad.

(Manual de teología dogmática, P. Jesús Bujanda):

San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan Apóstol.

Autores de los Evangelios:

San Irineo, Obispo de Lyon (año 150 aprox.); Tertuliano, que vivió en África; Orígenes, en Egipto, y San Justino, mártir en Roma, nos hablan de los cuatro Evangelios. Los tres primeros nos dan los nombres de sus autores; de San Irineo se lee: “Mateo escribió en lengua hebrea el Evangelio cuando Pedro y Pablo… fundaban en Roma la Iglesia. Después Marcos… nos dejó escrito lo que Pedro había predicado. Lucas puso en un libro el Evangelio que predicaba San Pablo, de quién era discípulo. Más tarde, Juan sacó a la luz el Evangelio cuando moraba en Éfeso.” (Adversus Aereses 3, 1 Migne 7, 844 y sigs.); a parte de éstos existen otros muchos testimonios.

Art 1º Los libros llamados Evangelios, que escribieron S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan, narran las cosas como pasaron; es decir, son libros históricos que narran los hechos. 114. Se escribieron en vida de los apóstoles.

30. Tiempo en que se escribieron los 4 Evangelios:

No se sabe la fecha exacta, generalmente se admite que se escribieron con el orden en que aparecen en la Biblia. Los tres primeros son anteriores al año 70; para el primer libro, el de San Mateo, se estima que la fecha no debe ponerse antes del año 40, y para el último no mucho más tarde del 90 (pertenece al último decenio del siglo I, según opinión extendida entre los críticos).

31. Conservación substancial de los 4 Evangelios en su primitivo estado:

Del siglo I se conserva la obra más antigua del cristianismo, la Doctrina de los Apóstoles, donde cita muchos textos evangélicos. De otra parte se conservan también tantísimas citas de manuscritos de los siglos l, II y III que bastarían para reconstruir casi íntegramente los Evangelios.

Existen más de 4.000 manuscritos o códices que contienen los Evangelios en todo o en parte. El Sinaítico y el Vaticano, son del S. IV y contienen íntegros los cuatro Evangelios. Los más antiguos están escritos con solas letras mayúsculas, y de éstos, 161 son anteriores al siglo X, y algunos de ellos son de los siglos IV y V.

No hay autor profano, griego ni latino, del que se conserven las obras, ni en tan gran número de manuscritos (4.000), ni tan próximos a la época en que vivieron sus autores, como se conservan los Evangelios.

Del cotejo de unos manuscritos y otros se ha deducido que en los Evangelios, tal como hoy los leemos, no se ha añadido ni quitado nada de importancia de lo que sus autores escribieron. Tal comparación tiene en cuenta todas las variantes que contienen, sea el orden de las palabras, sea en usar una por otra, sean faltas de ortografía, o sea equivocaciones del copista, o cosas mas importantes.

Por enseñar esta doctrina, San Mateo y San Juan son perseguidos (Hechos 5, 17 y sig.), y todos ellos (los cuatro Evangelistas), excepto San Juan, mueren por predicar la doctrina que enseñan en sus libros, según la Historia Eclesiástica.

Notas complementarias; para saber más:

Juan también fue martirizado, según la tradición, pero murió de muerte natural de avanzada edad, era el discípulo amado que acogió a María como madre por encargo del mismo Jesús. De los Apóstoles aun se conservan reliquias, como las cadenas de San Pedro y las tumbas de algunos de ellos.

Todas estas cuestiones se pueden conocer leyendo la Historia Eclesiástica e investigando a los Padres Apostólicos y Padres de la Iglesia que pertenecen a la primera etapa del cristianismo, o de la antigüedad.

Traducción de la Sagrada Escritura:

San Jerónimo de Dalmacia: Muerto en el año 420; es uno de los grandes doctores de la Iglesia occidental o latina.

San Jerónimo penitente en el desierto.

Traductor y comentador de las Sagradas Escrituras. “Alimentado desde la cuna con la leche de la doctrina católica”, como dice de sí mismo, recibió la formación intelectual de las escuelas superiores de Roma y Tréveris. Después se trasladó al desierto de Siria, en donde vivió cinco años como ermitaño. Aprendió el hebreo con un maestro Judeo-cristiano, y, después de haber recibido la ordenación sacerdotal, marchó a Constantinopla, junto a  San Gregorio Nacianzo, para aprender a sus pies la exégesis bíblica. Finalmente vino a Roma. En esta ciudad recibió del Papa Dámaso el honoroso encargo de revisar a fondo la versión latina de las Sagradas Escrituras, obra que le tuvo ocupado durante diez años. Así se originó la versión latina de la Sagrada Escritura llamada “Vulgata”. San Jerónimo escribió también la primera historia de la literatura eclesiástica (De veris illustratibus).

Bibliografía: Historia de la Iglesia católica, Bernhard Ridder, ED FAX pág 175.

En otra biografía se lee:

De padres ricos y cristianos, y aunque no había sido bautizado, a la edad de 15 años, fue llevado a Roma a perfeccionar sus estudios. En la flor de la edad era ya un orador elocuente y un escritor erudito y clásico que escribía el latín como ninguno de su tiempo. En su vida como estudiante, en la corrompida Roma, parece que cedió a los halagos de las pasiones. Cuenta el mismo que una noche, en sueños y hostigado por los fantasmas de la fiebre, se vió de repente ante el tribunal de Dios: “¿Quién eres tú?” le preguntó el Juez divino, “un cristiano”, repuso él. “mientes; tú no eres cristiano, eres un ciceroniano, pues donde está tu tesoro allí está tu corazón”. Sin embargo, en el fondo, llevaba la fe cristiana y la religiosidad recibida en el hogar doméstico.

Más tarde a la edad de 20 años impresionado por algunas circunstancias entró en sí y se decidió a recibir el bautismo dejando los devaneos mundanales, se da a la lectura y estudios cristianos y viaja por Asia y Europa; llega a Antioquía con 30 años y comienza a escribir. Se perfilaba  ya su vocación a la ascesis y la soledad y se determinó a seguirla, se dirigió cerca, al desierto de Casís, donde había numerosos monjes y anacoretas, hizo penitencia y reparación por sus pecados del pasado, durante los tres años que permaneció allí. Más tarde en Constantinopla pasa tres años en compañía de San  Gregorio Nacianceno, en este tiempo se dedica a traducir al latín a algunos Padres Griegos.

Más adelante lo vemos en Roma en el concilio convocado por el Papa san Dámaso, como secretario. En Roma es donde da comienzo a las grandes obras que lo inmortalizaron. Este papa deseaba dotar a la Iglesia occidental o latina de una versión completa y lo mejor lograda posible, de toda la Biblia. Le pareció que nadie más a propósito por su cultura y conocimientos especiales en la materia que el insigne dálmata que poseía perfectamente el griego y conocía lo suficientemente el hebreo para la empresa. En efecto, Jerónimo, estando en el desierto, en los años de su penitencia, había abordado con tesón el estudio de la lengua hebrea. Su maestro había sido uno de sus compañeros eremitas, judío de nacimiento que se convirtió al cristianismo, también recibió lecciones de un judío, no tan  caritativo como el anterior, que le exigió una gran paga.

Estando establecido en Belén, en el monasterio construido por el mismo, Jerónimo se dedicó de lleno a la obra, y  parte traduciendo directamente del original hebreo, parte revisando traducciones latinas ya hechas. Sus monjes escribían a su dictado, corregían y copiaban con asiduidad y celo infatigable. Se terminó el “gran monumento” el año 405 y había costado 15 años de incesantes fatigas; obra de crítica, de cotejo de manuscritos, y de erudición. Su lema fue: fiel interpretación del sentido, en primer lugar y sólo en segundo el lenguaje y la belleza de la parte literaria. La Sagrada Escritura es la palabra de Dios y ésta es un tesoro intangible que debe  respetarse fielmente, aunque sea necesario emplear para ello palabras o estilo menos elegante y aún bárbaro.

Era la llamada Vulgata, el texto oficial de la Iglesia latina.

Bibliografía: “El cristianismo, orígenes”. Padre Jesús Simón, Sacerdote Jesuíta. ED Graficas FUTURA. 1988. Nihil Obstat 1958.


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