Sueños de Don Bosco
Don Bosco fue fundador de una gran obra educativa, en 1859, los salesianos, que hoy en día está esparcida por muchos países en el mundo entero; también fundó una comunidad femenina, Las hijas de María Auxiliadora. Evangelizaron comunidades indígenas en tierra de fuego, en la Patagonia Argentina.
El nombre de salesianos se debe en honor a San Francisco de Sales a quien San Juan Bosco eligió como modelo por su amabilidad y fuerza evangelizadora.
Don Bosco nación el 16 de agosto del año 1815 en Castelnuovo, Italia y murió en Turín, Italia, el 31 de enero de 1888.
Una de las peculiaridades de San Juan Bosco le venía por sus sueños, puesto que eran auténticas revelaciones divinas y siempre se cumplían.

La madre de Dios se hizo presente durante toda su vida de una manera muy especial, como suele ocurrir en la vida de los santos.
San Juan Bosco propaga por todo el mundo la devoción a María Auxiliadora; después de misteriosas revelaciones recibidas en sueños, le construye un gran santuario en Turín, Italia y hace pintar un bellísimo cuadro que ahora es universalmente conocido. La Virgen en un sueño le ha dicho señalándole el futuro templo: «esta es mi casa y de aquí saldrá mi gloria».
Por su intercesión el santo hizo muchos milagros.
Don Bosco repetía: “Si tenéis fe en María Auxiliadora veréis lo que son los milagros”.
Nota: dedicaremos una entrada de blog a los milagros de Don Bosco y María Auxiliadora; y otra a la evangelización de los indígenas en el fin del mundo.
Vocación sacerdotal:
San Juan Bosco tenía inclinación a la vida eclesiástica, y una gran admiración por la comunidad franciscana, pero su vocación era la de dedicarse a los niños pobres y fundar una comunidad religiosa para educarlos.
Su oficio como educador sería no solo perfeccionar jovencitos ya santos sino sobre todo recoger muchachos emproblemados y llenos de defectos y vicios y hacerlos buenos cristianos y honrados ciudadanos.
“El soñador”:
Desde pequeño tuvo sueños proféticos, aunque no les daba mucha importancia; sus compañeros de estudio lo llamaban el soñador.
San Juan Bosco, a la edad de 9 años, tuvo el primer llamado de Dios a través de un sueño sobre la misión que habría de cumplir en su vida y que, sin entenderlo en aquel momento, le quedaría grabado en su memoria.
“Ella me dijo: he ahí tu campo, he aquí donde debes trabajar”.

En la vida del santo, escrita en 19 volúmenes llamados memorias biográficas, se narran 159 sueños. (MB, Memorias Biográficas)
Al principio él no les daba mayor importancia, pero luego se fue dando cuenta de que lo que en sus sueños veía y escuchaba se cumplía después con maravillosa exactitud.
El santo decía: “he llegado a convencerme de que a veces la narración de un sueño de éstos les hace mayor bien a los oyentes que un sermón”. Y en 1886, dos años antes de morir, su amigo el Padre Lemoyne le decía: “muchos de sus sueños se pueden llamar revelaciones de Dios”; Don Bosco exclamó: “Así es, son revelaciones de Dios”.
Como muchos de sus sueños eran proféticos, él hablaba de las cosas que había visto de una forma tan segura como si ya fueran un hecho, y en efecto se realizaban; es así como en ocasiones pudo ver el fututo de sus misiones y como su obra llegaría a crecer por todo el orbe.
Por otro lado había obtenido la gracia de ver las conciencias, ya que El Señor le mostraba en sueños el estado del ama de los muchachos, que estaban bajo su cuidado pastoral; del mismo modo, otras veces tenía el conocimiento de quién habría de morir próximamente, sabiendo cual sería el destino de esa alma de morir en el estado actual.
También tuvo apariciones de difuntos, como su madre Margarita, su antiguo confesor el Padre Caffaso, su alumno Domingo Savio, entre otros, con quienes tuvo importantes diálogos. Estos en ocasiones le comunicaban mensajes para otras personas, o le hacían descripciones del lugar donde se encontraban, del cielo o paraíso, entre otras cuestiones.
Estos sueños eran un medio eficaz, del que se valía Dios a través de su siervo, para ayudar a perfeccionar y corregir las conciencias de los discípulos, guiándolos en la vida de la virtud, los sacramentos y la piedad.
Esto era importante porque, su misión como educador y sacerdote, era preparar a los jóvenes para intentar que todos llegaran al paraíso (término que utilizaba a menudo).
Dentro de sus sueños impresionan sobre todo los del paraíso, purgatorio e infierno que el mismo nos comenta a partir de sus visiones. Describe el camino a recorrer hasta el primero, que es estrecho y está lleno de peligros, distracciones y trampas para desviarnos de la meta y luego describe el camino que conduce hacia el último estado, verdaderamente terrible.
Don Bosco solía comentar todos sus sueños con los alumnos y discípulos salvo una excepción, en que quiso ocultar uno de estos sueños tan desagradables (sobre el infierno) pero no pudo callarlo ya que sería traicionar su conciencia, según dijo él; sin embargo hay algo muy positivo y es que también enseña los remedios para evitar llegar ahí o corregir esa deriva.
Anécdotas de una jornada en la vida del Santo
Terminando la jornada:
Son las nueve de la noche, después de la cena y un descanso. Al verlo aparecer, sonriente, por encima de las cabezas de 800 alumnos, todas las frentes se levantan, todos los ojos brillan de emoción. Luego un religioso silencio. Don Bosco va a hablar. Todos se fijan en él, y lo escuchan con perfecto recogimiento. Ese discursito de cada noche lo llama él “las buenas noches” y le ha producido maravillosos resultados durante muchas docenas de años. Unas noches cuenta alguno de sus famosos sueños. Otras narra un hecho importante sucedido en esos días, para sacar alguna enseñanza. Algunas veces anuncia muertes que van a suceder dentro de muy poco tiempo, etc.
Un día llega un muchacho y le dice: Padre que si me da permiso de ir mañana a confesarme a otra iglesia con otro Padre que no sea usted. -Sí, sí, con mucho gusto, pero no se te olvide decirle al padre que te robaste tres salchichones, y que descalabraste a un señor el otro día con una pedrada! – Ah, Don Bosco, esos eran los pecados que yo no me atrevía a decirle a usted. Entonces le pido que me de la absolución!
Los superiores de la casa también le piden consejos en su labor, a veces tan difícil.
Son las once. Si sus ojos se lo permiten escribe una media hora (muchas veces al sonar la campana para levantarse está todavía escribiendo). Gustan tanto a la gente los libros que Don Bosco escribe, y hacen tanto bien a las almas.
Son las once y media de la noche y el santo mira por el balcón el templo de María Auxiliadora (…) hacia Ella se eleva el último suspiro de su fatigado corazón al terminar la jornada: “Madre querida, Virgen María: haced que yo salve el alma mía”. Eso dicen todos sus alumnos (por consejo suyo) antes de ir a descansar, y eso lo repite él mismo con fervor.
Ahora a descansar, pero ¿podrá descansar? Quizá en esta noche el cielo tenga algún importante mensaje por medio de uno de sus misteriosos sueños, que lo dejarán más agotado de lo que estaba al tiempo de acostarse.
“Descansaremos en el Paraíso”, repetía alegre.
Vamos al Paraíso con Don Bosco, no importa la edad:

Nota: Como son muchos sueños escogeremos solo algunos.
El primer sueño profético, la misión de Juan Bosco:
El primer sueño profético lo tuvo a los 9 años, donde vio a Nuestro Señor que le mostraba su misión de cara al futuro, pero él no entendió nada en aquel momento pues solo era un niño y lo intentó echar en el olvido.
Resumiendo el sueño, Le pareció estar en un lugar espacioso donde había una muchedumbre de chiquillos jugando, unos reían y otros blasfemaban y al oír esto se encendió y se acercó a ellos para hacerlos callar a puñetazos. En ese momento vio a un hombre de aspecto respetable, con un manto blanco que le cubría de arriba a abajo y su rostro era muy luminoso, tanto que no podía fijar su mirada en él, este lo llamó por su nombre y lo mando a ponerse enfrente de los muchachos, diciendo:
No con golpes, sino la mansedumbre y la caridad deberás ganarte a éstos tus amigos. Ponte, pues, ahora mismo a enseñarles la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud.
El santo protestó por mandarle estos imposibles y el hombre le contestó:
-Precisamente porque esto te parece imposible, debes convertirlo en posible por la obediencia y la adquisición de la ciencia. Yo te daré la Maestra, bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio y sin la cual toda sabiduría se convierte en necedad.
Bosco le preguntó quién era, y esto fue lo que le dijo:
-Yo soy el Hijo de aquella a quien tu madre te acostumbró a saludar tres veces al día (el rezo del ángelus).
Bosco le dijo: mi madre me ha dicho que no me junte con los que no conozco sin su permiso; decidme, por tanto, vuestro nombre.
-Y él le contestó: Mi nombre pregúntaselo a mi madre.
Apareció entonces una mujer de aspecto majestuoso, vestida con un manto que resplandecía (…) la cual lo tomo de la mano y le dijo que mirara.
Aquellos muchachos, habían escapado y en su lugar había multitud de cabritos, perros, gatos, osos y otros animales.
–He aquí tu campo, le dijo ella, he aquí donde debes trabajar. Hazte humilde, fuerte y robusto, y lo que veas que ocurre en estos momentos con estos animales, lo deberás hacer tu con mis hijos.
Volvió entonces la mirada y en vez de animales feroces aparecieron muchos corderitos felices que hacían fiestas alrededor del señor y la señora.
Como Bosco no entendía pidió que le explicasen y la Señora le dijo que a su debido tiempo entendería.
Cuando despertó contó su sueño a varias personas y cada uno interpretó una cosa distinta y sus hermanos se echaron a reír.
El significado: En la vida de Don Bosco se cumplió a la perfección lo señalado en este el primero de sus 159 sueños proféticos. Toda su vida la empleó en transformar jóvenes difíciles como fieras, en buenos cristianos como mansos corderos. Los 47 años de su sacerdocio los dedicó por completo a educar la juventud y con la ayuda de María Auxiliadora obtuvo que Jesucristo convirtiera y volviera buenos cristianos a miles de jóvenes. El sueño se volvió a repetir durante 18 años, el cuadro general es el mismo; pero cada vez iban apareciendo escenas accesorias nuevas que precisan aspectos de su misión apostólica.
Su obra continúa hoy en día en más de dos mil colegios y en más de setenta países.
Don Bosco escribió este sueño en 1873, por orden del Sumo Pontífice.
El sueño de la divina pastora:

La Virgen María le promete que le ayudará y acompañará durante toda su vida.
Tuve un hermoso sueño, dice Bosco: vi acercarse a una señora que guiaba un numerosísimo rebaño, y dirigiéndose hacia mí y llamándome por mi nombre, me dijo: “mira Juanito, todo este rebaño te lo entrego a tus cuidados”. Yo le dije: “¿y cómo me las arreglaré para cuidar de tantas ovejas y de tantos corderitos?”. La señora me respondió: “No tengas miedo, yo estaré contigo”, y desapareció.
Aunque la pobreza lo acorralaba (lo acompañó hasta la muerte), y los desprecios lo herían, nunca nadie lo vio triste y preocupado. El recordaba una frase de la señora en su segundo sueño, a los 15 años: “yo estaré a tu lado y te ayudaré”. Más de ochocientos milagros hizo en vida Don Bosco al rezar con fe a María Auxiliadora, y con su ayuda llevó a cabo obras portentosas.
El repetía: “Si tenéis fe en María Auxiliadora veréis lo que son los milagros”.
Los reglamentos de la comunidad: (Memorias Biográficas MB. 8,484).
En 1867 don Bosco se fue a Roma a pedir la aprobación pontificia de la Comunidad Salesiana. Llevaba las reglas, Constituciones o Reglamentos que se le habían inspirado en sus sueños. No se separaba del ejemplar de las Santas Reglas que había escrito según las normas que le habían sido sugeridas por el cielo en sueño (P. Lemoyne).

Estado de las conciencias: (MB. 6,616/ Memorias Biográficas, tomo 6, sueño 616)
Soñó don Bosco con el Padre José Caffaso, (su confesor) que había muerto ese año, y le pidió un mensaje de año nuevo para los muchachos. Entonces él le respondió: “Ante todo que arreglen las cuentas de su conciencia”.
Luego Bosco vio un tribunal que juzgaría a cada uno y ante el cual deberían presentar las cuentas de su conciencia; así que los que presentaban las cuentas bien arregladas eran aprobados y se iban al patio a jugar muy contentos.
A quienes tenían pecados sin perdonar, los señores del tribunal les rechazaban sus cuentas y se las devolvían, porque no se les podían aceptar así. Y salían muy tristes y muy angustiados.
Bosco vio a unos que no pasaban a presentar cuentas ente el tribunal. Le pregunto al padre Caffaso quienes eran y se lo dijo: “Son los que no tienen obras buenas para que se les paguen. Dígales que se apresuren a hacer obras para el cielo, porque al árbol que no produce frutos se le corta y se le echa al fuego” (Mt.3, 10).
Cuando salió al patio, vio a unos alegres y a unos tristes que tenían una venda en los ojos (para no reconocer la fealdad del pecado y la necesidad de vivir en gracia de Dios) y otros tenían la cabeza llena de humo negro.
Vi en una esquina del patio a uno estirado en el suelo, pálido y como muerto (¿tenía muerta el alma por el pecado?). Unos con los ojos muy enfermos (¿malas miradas?), otros con la lengua enferma (¿malas conversaciones?) algunos muy enfermos de los oídos (¿sordos para oír lo bueno, atentos para escuchar lo malo?). Todos ellos tenían los sentidos roídos por gusanos. Uno tenía la lengua totalmente podrida, otro con la boca llena de fango hediondo y un tercero con la garganta tan maloliente que no se le podía uno acercar (¿de qué hablaran?). Alguno tenía el corazón carcomido y podrido, débil y corrompido (ya se puede imaginar uno los malos y corrompidos que serán sus afectos). Había algunos como cadáveres en descomposición (destruidos por los vicios) y otros tan enfermos que parecían un hospital (¡así de enferma está su alma!). Yo estaba viendo la conciencia de cada uno.

Me acerqué a uno de eso pobrecitos y le pregunté:
-¿Pero qué es lo que ha sucedido? ¿Por qué estas así de mal?
-Es que estoy cosechando el fruto de mis malas obras. “cada uno cosecha lo que ha cultivado. El que cultiva corrupción, cosecha maldades” (Gál. 6,7). Y lo mismo me respondieron varios más.
Yo veía el estado de cada alma tan claramente, que si alguno se me acerca ahora, puedo decirle cómo está su conciencia.
Luego fui llevado a un enorme salón, adornado con oro y plata, y lleno de lámparas maravillosas que producían una luz tan bella como uno no puede imaginar. Y en la mitad del salón había una inmensa mesa con los alimentos más exquisitos que una persona pueda desear. Yo al ver semejante cantidad de alimentos tan sabrosos dispuse salir a llamar a mis discípulos para que entraran a comer, pero el Padre Caffaso me dijo:
-Un momento: de esta mesa no pueden participar sino los que tienen la conciencia en paz. Los que han arreglado las cuentas de su conciencia.
Yo fui a llamar a los que estaban con la conciencia purificada de pecados, y la mesa se llenó de comensales que demostraban inmensa alegría y satisfacción.
Supliqué luego que también otros de mis discípulos pudieran entrar a participar de tan rico banquete y me fue dicho: “Solo los que están sanos del alma pueden participar del banquete del cielo. Los que tienen el alma enferma tienen que aguardar a ser curados”.
(…) oh y allí entre esos entristecidos con manchas en el alma veía claramente a muchos de mis discípulos.
Yo le pregunté al Padre Caffaso: ¿Qué remedio me aconseja para que estos jóvenes tengan el alma sana?.
El respondió: “Estar alerta y vigilar”. “Vigilar y orar para no caer en tentación, porque el espíritu está pronto, pero el cuerpo es débil” (Mt 26,41). “Estar alerta porque el enemigo, el diablo, anda dando vueltas buscando a quien devorar” (1 Pedro 5,8). Y al decir esto el Padre desapareció.
Yo termino recomendando que todos purifiquen su alma con una buena confesión, y que reciban frecuentemente y con mucha devoción la Sagrada Comunión.
¿Qué paso después? :
Los jóvenes fueron acercándose en esos días a Don Bosco y él les informaba si los había visto con el alma sana, y sentados a la mesa del banquete del cielo, o si en cambio había observado que estaban enfermos de los ojos, de los oídos, o del corazón, o hechos unos cadáveres por medio del pecado mortal. Algunos lloraban al sentir que la descripción que les hacía el santo al contarles como los había visto en el sueño, era un retrato exacto del estado en que se encontraba su alma.
A los días al bajar Don Bosco por las escaleras se encontró con un joven y le dijo: “¿Cuándo te confesarás de tal pecado… que nunca te has atrevido a confesar?”. El muchacho se echó a llorar. Nunca en su vida se había atrevido a confesar ese pecado. Y fue enseguida y se confesó y quedó en paz.
Después de esto, los alumnos en el recreo, le pidieron a Don Bosco que les diera más detalles del sueño y él les explicó:
Los que tienen humo en la cabeza son los que se dejan llevar por el orgullo y el amor propio y el deseo de aparecer. De algunos que estaban con el corazón corroído, me fue dicho que son los que tienen el corazón lleno de antipatías, de rencores y de odios, o de envidia. El corazón de algunos estaba lleno de tierra y me fue dicho que son los que viven muy apegados a los bienes de este mundo y a los placeres sensuales. Y añadió: “vi a unos con el corazón vacío: son los que no hacen obras malas, pero tampoco hacen obras buenas y poco rezan con fervor (ni fu ni fa)”.
Después en otra charla les dijo: “He pasado horas muy angustiosas pensando en algo que me llena de horror: el número tan crecido de discípulos míos que viven con la conciencia tan desordenada y con el alma tan manchada. Al recordar a los que vi tendidos en el suelo como cadáveres, y cubiertos de llagas asquerosas, he sentido una tristeza muy profunda. Algunos ya arreglaron los asuntos de su conciencia. Y los otros ¿Por qué no lo hacen? Y se echó a llorar. Varios alumnos empezaron a llorar también… (MB 6,627).
Don Bosco resucita a un alumno, para confesarlo y lo libra del horno eterno (MB 3, 495):
En 1849 un alumno de Don Bosco murió mientras el santo estaba afuera de la ciudad. Cuando fue a visitar a la familia, todos le decían llorando que el jovencito había deseado mucho verlo antes de morir, porque era con el único que se atrevía a confesarse. Don Bosco se pone a rezar junto al cadáver y llama al joven: Carlos, Carlos. El muerto abre los ojos. “¡Oh Don Bosco me ha librado de caer en la condenación eterna! Soñé que iba ya a condenarme porque había dejado varios pecados sin confesar, por vergüenza. Y en el momento en que iba a caer en el horno eterno, en medio de los demonios, sentía que la Virgen Santa me tomaba de la mano y me decía: “Mis devotos no pueden condenarse fácilmente”. “Y en ese instante usted me llamó por mi nombre”.
El joven hizo la confesión general de toda su vida, muy arrepentido. Luego Don Bosco, delante de los familiares, le preguntó: “Carlos, qué prefieres, seguir viviendo en esta tierra o irte al cielo?”.
El joven, que estaba muy tranquilo por la absolución recibida, del santo, le contestó: “quiero irme al cielo”, y cerrando los ojos volvió a quedar muerto.
Sueño sobre uno que iba a morir: Las 22 lunas: (MB 5, 58)
Se encontraba don Bosco viendo jugar a sus alumnos en el patio cuando vio a uno que llevaba en la cabeza una especie de turbante transparente con una luna y el número 22, se quiso acercar al joven para decirle que se quitara aquel disfraz y vió que de sus hombros pendía un manto fúnebre, enseguida apareció un desconocido que le dijo: Antes de acercarte a él, escúchame; todavía tiene 22 lunas de tiempo; antes de que hayan pasado este joven morirá. No lo pierdas de vista y prepáralo.
Se encontraba Bosco narrando el sueño a los alumnos les dice: (…) el joven en cuestión, mis queridos hijos, me es conocido y está en medio de vosotros.
Un cierto terror se apoderó de los oyentes, tanto más que no era la primera vez que Don Bosco anunciaba en público y con cierta solemnidad la muerte de uno de los de casa. Y dice:
“Yo conozco al de las lunas, está en medio de vosotros. Pero no quiero que os asustéis. Como os he dicho, se trata de un sueño y sabéis que no siempre se debe prestar fe a los sueños. De todas maneras, sea como fuere, lo cierto es que debemos estar siempre preparados, como nos lo recomienda el Divino Salvador en el Evangelio y no cometer pecados; entonces la muerte no nos causará espanto. Sed todos buenos, no ofendáis al Señor, y yo entre tanto no perderé de vista al del número 22, el de las 22 lunas o veintidós meses, que eso quiere decir; y espero que tendrá una buena muerte”.
Cuando este sueño fue narrado, estaban presentes los muchachos Cagliero, Turchi, Anfossi, y los clérigos Reviglio y Buzzetti. Esta noticia asustó mucho a los alumnos y todos procuraban mantenerse en gracia de Dios. Don Bosco, de vez en cuando, preguntaba:
¿Cuántas lunas faltan?
Veinte, dieciocho, quince… respondían. Algunos intentaban adivinar, hacer pronósticos; pero don Bosco guardaba silencio. El 24 de diciembre de 1854 al cumplirse las 22 lunas, murió el joven Segundo Gurgo.
Don Bosco comunica que no va a anunciar más muertes: Del sueño sobre el águila (MB 8, 58)
Había anunciado la muerte de un alumno, de apellido Ferraris, que luego partió santamente para el paraíso.
Entre tanto dijo a sus muchachos lo siguiente: “Algunos dicen que yo los asusto anunciando cuando se va a morir alguno. Pero a Ferraris le sirvió el anuncio para prepararse mejor. De todos modos para evitar sustos no anunciaré más las muertes que van a suceder”.
Los alumnos gritaron: ¡Si Padre, anuncie siempre que eso nos hace mucho bien!. (MB. 8,42)
La muerte, el juicio, el paraíso: (MB. 9, 16)
El 5 de Abril tuve un sueño que me fatigó mucho, de manera que al amanecer me sentía tan cansado como si hubiera trabajado toda la noche, y estaba intranquilo e inquieto.
Soñé que me había muerto y que me presentaba ante el Juicio de Dios para darle cuenta de mis palabras, acciones y pensamientos. Luego me soñé que llegaba al Paraíso y que me encontraba muy feliz allá. Al despertarme se me fue la ilusión de estar gozando ya en el Paraíso pero me vino el consuelo de no tener que presentarme todavía a dar cuentas ante el Tribunal de Dios y de tener tiempo para prepararme mejor a una santa muerte. Mi propósito fue hacer en adelante todo lo posible por salvar mi alma y conseguir el Paraíso Eterno.
Estas cosas puede ser que no tengan importancia para los que las oyen, pero para mí sí fueron de mucha importancia porque me hicieron pensar seriamente en lo que me espera al final de la vida.
El libro Santo recomienda: “Piensa en lo que te espera al final de la vida, y así evitarás muchos pecados” (Ecles; 7,40).
Un obispo en el purgatorio: Del sueño El purgatorio (MB. 8, 726)

“Soñé que viajaba hacia una ciudad y que atravesaba por pueblos desconocidos y que deseaba saber cómo será el estado de un alma en la otra vida. De pronto oí la voz de una persona desconocida que me decía: Ven conmigo y verás lo que deseas.
Bosco le siguió y llegaron a un salón de un palacio adornado y bello y al fondo vio a un señor obispo muy amigo, muerto hace poco. Parecía que no sufría y tenía un aspecto muy saludable, alegre y amable.
-Bosco: “Yo le pregunté: Monseñor ¿está vivo o está muerto?”
-Le contestó: “para el mundo he muerto. Pero aquí estoy vivo”.
-“¿Y se ha salvado Monseñor?”
-Sí, mire como estoy de fuerte y saludable. Estoy en un lugar de salvación.
-¿Y está en el Paraíso? ¿O está en el purgatorio?
-Estoy en un lugar de salvación. Pero todavía no he logrado ver a Dios. Necesito que recen mucho por mí.
-Monseñor ¿y yo me salvaré?
-Tenga esperanza y fe en que se podrá salvar.
-¿Y que mensaje le manda a los jóvenes y a mis discípulos?
-Que sean obedientes, que se porten bien, que cuiden mucho la virtud de la pureza y que se confiesen frecuentemente y comulguen con fervor y devoción.
-¿Y que otro consejo les quiere enviar?
-Que se quiten de los ojos del alma esa niebla que no les deja ver bien, y que consiste en que por pensar como el mundo no se dedican a pensar en lo sobrenatural.
-¿Y qué deben hacer para quitarse esa niebla o nube?
-Que piensen que el mundo está todo puesto en el maligno, como dijo San Juan. Que no se dejen engañar por las apariencias de lo que es mundano y materialista. Muchos se imaginan que los placeres, las riquezas, las vanidades y los goces del mundo pueden hacerlos felices, y se dedican sin freno a todo esto, pero el Libro Santo dice: “Todo es vanidad de vanidades y aflicción de espíritu”. Que se acostumbren a ver lo mundano y material, no según su apariencia sino según su realidad. Porque los juicios de Dios son diferentes de los del mundo, y lo que la gente aprecia como sabiduría y de mucho valor material, puede ser necedad y de poco valor para Dios.
Luego Monseñor sigue hablando y cuenta que lo que más oscurece y llena de nieblas el alma es el vicio de la impureza, luego dice: Dígales a todos que se esfuercen por conservar a cualquier costo la virtud de la pureza.
Terminando de hablar sucede un cambio inesperado
Don Bosco salió para llevar el mensaje a los muchachos pero se dio la vuelta para hablar un poco más con Monseñor y resulta que durante ese corto tiempo habían sucedido cambios: “El obispo estaba pálido como una cera. Parecía un cadáver. De los ojos le brotaban abundantes lágrimas. Estaba como agonizando: me le acerque angustiado y le dije:
-Monseñor ¿En qué le puedo ayudar?
–Rezad por mí y dejadme ir a donde la mano Omnipotente de Dios me conduce.
Mandó algunos mensajes más para otras personas. Luego sigue contando Don Bosco:
El aspecto del Prelado demostraba un gran sufrimiento que aumentaba cada vez más. Mirarlo producía compasión en el ama. Sufría muchísimo. Era una agonía verdaderamente angustiosa.
-Luego exclamó: Dejadme que voy a donde el Señor me llama.
Don Bosco recordaba el salmo 88 “A mis seguidores, aunque no les retiraré mi favor, sin embargo les castigaré fuertemente las desobediencias a mis mandamientos y les haré sufrir por sus descuidos en cumplir mis mandatos”.

Un jovencito en el Paraíso, del sueño de Domingo Savio(MB 12, 494)
Acerca de un alumno que murió a la edad de 15 años.
El 6 de diciembre de 1876, Domingo Sabio se apareció a Don Bosco en un sueño:
“En un jardín de una belleza indescriptible, vi aparecer a Domingo Sabio acompañado de un gran número de jóvenes, muchos de los cuales yo conocía porque habían sido mis alumnos, pero muchísimos más que nunca había visto. Todos venían alegres a mi encuentro. Los acompañaban muchos, muchísimos sacerdotes, unos conocidos míos, ya muertos, y otros totalmente desconocidos para mí. Cada sacerdote guiaba un grupo de jóvenes.
Domingo Savio venía rodeado de músicas y resplandores. Inmensamente bello y brillante. Vestía una túnica blanquísima y estaba ceñido con una franja roja. De su cuello pendía una cadena de flores tan bellas cual yo nunca había visto semejantes. En la cabeza llevaba una corona de rosas. Su cabellera ondulante descendía hasta su espalda… parecía un ángel.
Yo pregunté a Domingo: “¿Estamos en el Paraíso?
No, me respondió. Esto que ves y oyes son solo bellezas naturales muy perfeccionadas por el poder de Dios. Lo que es del cielo no lo puede ver ni oír nadie con ojos u oídos humanos, porque se moriría de gozo.
¿Y que gozáis vosotros en el Paraíso?
Es imposible tratar de decirlo porque la mente humana no es capaz de comprender lo que se goza en el cielo. Pero baste decir que gozamos de Dios. Amamos a Dios. Vemos a Dios. Somos amados por El…
¿Y porque tienes ese vestido así tan blanco?
Domingo calló pero un coro de voces respondió, cantando, las palabras de la S. Biblia: “Estos son los que se mantuvieron sin pecado y purificaron sus almas con la Sangre del Cordero. Los que tienen el corazón puro, los que no cometieron pecados de impureza, seguirán al cordero donde quiera que Él vaya”. (Apocalipsis). Los que llevan la franja roja significaba los sacrificios hechos, el martirio sufrido para conservar la pureza. (…)
Apocalipsis 14, 3-5 : Cantaban un cántico nuevo delante del trono, delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Ninguno podía aprender el cántico, a excepción de los ciento cuarenta y cuatro mil rescatados de la tierra. Estos son los que no se han manchado con mujeres, porque son vírgenes; estos siguen al cordero adonde quiera que el va; fueron rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el cordero, en su boca no se ha encontrado mentira. Son irreprensibles.
Vengo a traerte un mensaje del cielo (…) (y refiriéndose a las flores que le adornaban) dijo: Dile a tus alumnos que estos son los adornos que deben conseguirse para ir a la eternidad: las rosas significan la caridad: amar mucho a Dios y al prójimo. La azucena: la bella virtud de la pureza (que obtiene que se cumpla en quienes la practican lo que dijo Jesús: “serán como ángeles de Dios en el cielo”. El girasol significa la obediencia. Las espigas: la comunión frecuente; la genciana: la mortificación, los sacrificios; y la siempreviva significa que estas virtudes hay que practicarlas siempre, cada día, sin cansarse, ni desanimarse.
¿Y dime, que fue lo que más te consoló a la hora de la muerte?
Lo que más me consoló a la hora de la muerte fue la asistencia de la poderosa Madre de Dios. Dile, a tus discípulos que no dejen de invocarla mucho durante toda su vida.
Domingo le anunció algunas cosas acerca del porvenir de la congragación y la muerte de seis personas y dos de sus colaboradores para el año siguiente.
¿Y mis jóvenes están todos en camino de salvación?
Tus discípulos se dividen en tres clases. ¿Ves estas tres listas?
Le entregó la primera, tenía un título: “los que no han caído”. Eran muchos. Viajaban a la eternidad con un alma hermosa, sin heridas ni manchas. Muchos de ellos eran conocidos por mí.
La segunda lista, tenía por título: “los que cayeron pero se han levantado”. Son los que han pecado pero se han arrepentido y se han confesado y están corrigiéndose. Muchos más que los de la primera lista.
La tercera lista, tenía por título: “Los que caminan por la vía de la perdición”. Domingo me dijo: estos son los que viven tranquilamente en pecado mortal. Al abrir la lista tendré que retirarme porque son almas tan antipáticas por su amor al pecado que su presencia no la podemos soportar y su olor es insufrible. Me voy, recuérdales a todos la lista de flores que deben conseguir.
Al abrir la tercera lista, (…) se esparció un olor tan insoportable que creí morir. La hermosa visión de Domingo Savio y sus amigos desapareció. La atmósfera se oscureció, y al mismo tiempo hendió los aires un relámpago, y un formidable trueno se dejó oír, de tal manera que me desperté asustadísimo. Aquel olor penetró en todas las paredes y se me infiltró en los vestidos de tal manera, que mucho tiempo después me parecía sentir aquella hediondez terrible. Aun ahora, con solo acordarme me vienen nauseas, me siento asfixiado y con el estómago revuelto.
Al día siguiente comenzó a interrogar a los jóvenes el estado de su alma “(…) aquel sueño no me había engañado. Ha sido pues una gracia del Señor (…)”. (MB 12, 580).
Se cumplieron también las muertes anunciadas, seis alumnos y dos salesianos.
Nota: Publicaré una entrada mas completa sobre Santo Domingo Savio, con una explicación más detallada sobre el Paraíso.
Don Bosco tiene la aparición de un monstruo (un demonio) (MB 9, 16):
Don Bosco había tenido una serie de sueños terroríficos (entre ellos el sueño del infierno) en días pasados y se propuso no contarlos a sus discípulos porque le desagradaba hablar de cosas miedosas y negativas hasta la aparición que tuvo:

Le pareció que entraba en su habitación un monstruo grandísimo que se le acercó mucho, era feo, asqueroso como el más horrible sapo, ojos como llamaradas, orejas huesudas, cuernos y alas verduzcas, uñas como de león, una cola terminada en dos puntas y una hilera de dientes afilados. Sintió un miedo terrible porque le parecía que era un verdadero demonio.
Don Bosco le preguntó:
-¿Qué desea de mí? Le grite al infernal monstruo.
Pero la aparición abrió su boca amenazante.
-Yo hubiera querido defenderme pero era tan asqueroso que no me atreví a tocarlo. Entonces grité: ¡En nombre de Dios dígame porque hace eso!.
El sapo al oír estas palabras se retiró un poco. Entonces Bosco hizo la señal de la cruz, y con esto el animal dio un grito terrible y desapareció, pero se escucharon unas palabras:
–¿Por qué no habla? ¿Por qué no cuenta lo que vio en sueños?
-Con esto me vine a dar cuenta de que es voluntad de Dios que les cuente lo que vi el otro día en sueños.
Más sueños de Don Bosco:
Hay un par de sueños que merecen un capítulo aparte, por su extensión e importancia, para los que dedicaré entradas separadas:
- Un paseo al Paraíso (MB 6, 653)
- El sueño del infierno (MB 9, 169)
Acerca del sueño, mejor dicho, de la visita al infierno:

Nota: Realmente don Bosco lo visitó por los detalles de lo que él mismo cuenta.
El ángel que lo guiaba le pidió: – toque simplemente el muro para que pueda decir que estuvo visitando las murallas de los suplicios eternos y que pudo comprobar un poco como será la última pared, si la más lejana es tan terrible. (…). Me hizo golpear con ella (la mano) la piedra de aquel muro (…) en aquel instante sentí una quemadura tan intensa y dolorosa, que saltando hacia atrás y dando un grito me desperté. Me encontré sentado en la cama y en la mano sentía un gran dolor y ardor. La restregaba contra la otra para liberarme de aquella molesta sensación. Al amanecer pude comprobar que mi mano estaba hinchada, y la impresión de aquel fuego resultó tan fuerte que poco después se me cayó la piel de toda la palma de la mano derecha.
Y sigue agregando Don Bosco:
No les he narrado las escenas del infierno con toda la horrible y dolorosa crudeza con que las presencié, porque esto los asustaría (…).Durante varias noches estuve muy preocupado por este sueño, pensaba no narrarlo a mis jóvenes (…) pero más vale bajar al infierno en vida con el pensamiento, para huir así del pecado, que tener que ir a él con el alma en la eternidad por no haber evitado lo que ofende a Dios.
Otros sueños:
- El sueño de la inundación (MB 8, 240)
- Las dos columnas (MB 7, 153)
- El caballo rojo (MB 7, 192)
- La serpiente y el Ave María (MB 7, 208)
- El sueño del jardín, tercera parte , las tres desgracias o calamidades (MB 9, 24)
Enseñanzas de San Juan Bosco
Don Bosco da valiosísimas recomendaciones para todo el mundo, para los educadores, las comunidades religiosas, los pastores, sacerdotes y religiosos en general.
Dice en (MB 9, 183), sobre el sueño del infierno: «La meditación de los novismos (cielo, purgatorio e infierno) era algo familiar en Don Bosco y como fruto de ella, su corazón se encendía en una vivísima compasión hacia los pobres pecadores amenazados por el peligro de una eternidad tan horrible. Este sentimiento de caridad le hacía sobreponerse al respeto humano, invitando a la penitencia con una prudente franqueza incluso a personajes distinguidos».
Los sacrificios y las penitencias:
Don Bosco tomó como modelo, la vida mortificada, tanto externa, como interna, del Divino Salvador, crucificando sus pasiones y sus naturales inclinaciones.
Llevaba una vida al estilo ermitaño y cada hora portaba su cruz: fatigas, afanes, incomprensiones, dolores, etc.
De él se sabe que sufría con resignación, trabajaba mucho, amaba la pobreza y se mortificaba en el comer. Por ejemplo, su desayuno era un poco de café mezclado con achicoria, bebida que no le gustaba a los demás. A veces la sopa estaba muy sabrosa, y él le echaba un poco de agua. Cada sábado ayunaba en honor a la Santísima Virgen.
Decía: “Muchas personas empiezan a trabajar por ser santas y pocas lo consiguen, porque la mayoría no saben sacrificarse en nada. Si yo tengo un pie en el cielo y dejo de mortificarme, todavía puedo condenarme”.
A sus alumnos recomendaba la mortificación, recordándoles que quien quiere gozar con Cristo en el cielo es necesario que sufra con El en la tierra. Nada de mortificaciones que dañan la salud y traen orgullo, pero si esas que nadie nota y que fortalecen la voluntad y traen premio de Dios.
En agosto de 1884 tuvo uno de sus famosos sueños. Allí oyó estas palabras: “hay un gran error: creer que los únicos que tienen que hacer penitencias y sacrificios son los grandes pecadores. La penitencia y la mortificación son necesarias para todos los que deseen evitar el pecado mortal. Si San Luis Gonzaga no hubiera hecho penitencias y sacrificios, habría caído en pecado mortal”.
Mortificar la lengua:
Don Bosco tenía un verdadero odio por la murmuración. Evitaba toda palabra hiriente y cualquier cosa que pudiera significar resentimiento. Sus palabras eran muy bien pensadas. Recordaba que la S. Biblia (San Pablo) pone la murmuración en la lista de pecados, inmediatamente después de asesinato, adulterio, borrachera y robo (1 Corintios, 6) sin hacer distinción ninguna entre estos pecados y la murmuración, señal del gran asco que Dios tiene hacia hablar mal de los demás.
Al Paraíso por medio de las riquezas:
Faltándole dos meses para morir, un 4 de Junio de 1887, Don Bosco narró un sueño: “He visto a Nuestra Señora la Virgen María en un sueño y me ha reprochado mi silencio acerca del buen uso de las riquezas. Entre otras cosas me dijo: que muchas almas se condenan por faltar contra el sexto y el noveno mandamiento, pero que hay también muchas que se pierden por haber hecho mal uso de las riquezas. Y se quejaba ella de que los sacerdotes no se atrevan a hablar de este argumento desde la cátedra sagrada” (MB 13, 361).
Don Bosco deseaba escribir un libro acerca de la responsabilidad que tiene cada uno de hacer de sus riquezas algo que redunde en bien de todos. En una ocasión llamó al Padre Francesia y le pidió que escribiera una obra acerca de este tema tan importante. Poco después apareció el libro de dicho sacerdote bajo el título de “Al Paraíso por medio de las riquezas”.
Don Bosco siempre creyó en la frase de Jesús: “Dad limosna según vuestras posibilidades y todo será puro para vosotros” (Lucas 11, 41).
Últimas recomendaciones:
Don Bosco, ya llegando al final de su vida, el 20 de diciembre de 1887 escribe sus últimos mensajes, entre ellos escribió:
“Cuando quiero llevar a cabo una obra difícil, delicada y arriesgada, rezo con fe a María Auxiliadora y me dedico con calma pero con todas mis fuerzas a obtener lo que creo que es más agradable a la Voluntad de Dios. Y el éxito llega”.
“Acostúmbrate a rezar de vez en cuando esta oración:
Oh María, Virgen Poderosa, grande y terrible como un ejército formado en batalla. Tú has librado y librarás a la Iglesia de las herejías. Oh Madre: en nuestras angustias, en nuestras luchas, en nuestros apuros, líbranos del enemigo, y en la hora de la muerte Llévanos al Paraíso. Amén!”.
“Amaos siempre como hermanos, ayudaos unos a otros, soportaos vuestros defectos fraternalmente”.
Recomendaba como penitencia soportar con paciencia los defectos de los demás, aguantar las incomodidades del tiempo y del oficio que nos corresponde, y obedecer con alegría y prontitud. Decía, esas son las penitencias que os pido en nombre del señor. “Haced a Dios el sacrificio de estar siempre alegres”.
Al final de su vida, su organismo no era capaz de resistir más y sufría mucho y todo lo que padecía lo aguantaba con calma admirable, por el reino de Dios y la salvación del alma de sus discípulos a quienes tanto amaba.
Recapitulando un poco, dentro de sus enseñanzas, como camino necesario para salvar el alma y entrar en el paraíso, se encuentran:

- La práctica constante de las virtudes,
- la confesión con el sacerdote, bien hecha (con arrepentimiento y propósito firme de corregirse), para lavar y curar el alma dañada por el pecado.
- La sagrada Eucaristía, recibida con devoción, frecuentemente y de forma digna, esto es siempre en estado de gracia (o sea, sin pecados graves). Hay que saber que para recibir este sacramento se debe estar bautizado y creer.
- La verdadera devoción a la santísima Virgen María; Don Bosco propagó la devoción a María auxiliadora de los cristianos.
- los sacrificios o penitencias, llevar y ofrecer la cruz del día, con todos sus cansancios y obligaciones propias del deber, con resignación. Crucificar las pasiones y malas inclinaciones. Hacer a Dios ofrecimientos que el Señor ve con agrado.
- Hacer obras de caridad, para no ofrecer un corazón vacío.
Recursos: ¿Dónde encontrar los sueños y memorias biográficas de Don Bosco?
Páginas web:
https://www.marialuzdivina.com/paginas/dreams/i/pag00.php
Libros económicos y fáciles de leer, en Latinoamérica, pero los hay de diversas editoriales en Europa también:
- Los sueños de Don Bosco; Por el Padre Eliécer Sálesman.
- San Juan Bosco y María Auxiliadora, y los famosos sueños del santo; Por el P. Eliéces Sálesman.


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