Jesucristo: Dios Hijo y el misterio de la Encarnación
Introducción: Vamos a revisar el segundo artículo del Credo, sobre Jesucristo Hijo único de Dios y Señor nuestro; y el tercer artículo sobre el misterio de su Encarnación. Nos basamos de manera central en el Catecismo de San Juan Pablo II, el compendio; también en otras fuentes y algunas lecturas de las Sagradas Escrituras. El catecismo explica a través de varias preguntas y respuestas cada realidad de la fa de la Iglesia, y por ello los desarrolla en diferentes numerales.
Segundo artículo del Credo.
Dice el credo de los Apóstoles: “Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor”
El credo Niceno-Constantinopolitano, se expresa más ampliamente que el de los Apóstoles, dice:
“Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo…”
En este segundo artículo del credo Niceno – Constantinopolitano, se expresan varias verdades de fe que merece la pena mirar con detención. Refleja cuestiones como: la filiación divina de Jesús de Nazareth; su preexistencia junto al Padre, antes de todos los siglos, y su encarnación en el tiempo; su misión redentora o salvadora de la humanidad.
¿Porqué varios credos?
«Existen varios credos, o símbolos, que son una breve síntesis de la doctrina cristiana promulgada por la Iglesia. Los principales son el Credo de los Apóstoles, el Niceno-Constantinopolitano, el de San Atanasio, la profesión de Fe Tridentina y el Credo del pueblo de Dios del papa Pablo VI. El más utilizado es el credo de los Apóstoles, que es el resumen más breve y antiguo que tenemos de la doctrina enseñada por los Apóstoles. Todos expresan la misma doctrina, y algunos de los artículos de los que está compuesto se desarrollan con más en detalle en otros credos como medio de protección contra los errores que han ido surgiendo«. (CREDO, Compendio de la Fe Católica, Monseñor Athanasius Schneider).
Veamos una lectura del Evangelio, para meditar antes de entrar en detalles:
Juan 1, 1-3 : En el principio existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todo fue hecho por él y sin él nada se hizo. Juan 1, 9 – 14 : Existía la luz verdadera, que con su venida a este mundo ilumina a todo hombre. Estaba en el mundo; el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. A todos los que lo reciben les da el ser hijos de Dios. él, que no nació ni de sangre ni de carne, ni por deseo de hombre, sino de Dios. Y aquel que es la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y nosotros vimos su gloria, gloria cual de unigénito venido del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Jesucristo, Hijo único de Dios:
Según el Catecismo de la Iglesia católica, el compendio
En este caso, en los siguientes numerales, se trata el segundo artículo del Credo o Símbolo de la fe. (Los símbolos de la fe son también llamados «profesiones de fe» CIC 33).
CiC. 79. ¿Cuál es la buena noticia para el hombre? La buena noticia es el anuncio de Jesucristo, “el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16*), muerto y resucitado. En tiempo del rey Herodes y del emperador (romano) Cesar Augusto, Dios cumplió las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, enviando “a su Hijo, nacido de mujer; nacido bajo la Ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (Gálatas 4, 4-5).
Mateo 16: 15- 17* : El les dijo: «Vosotros, ¿Quién decís que soy yo? » Simón tomó la palabra y dijo: «tu eres el mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos».
Notas aclaratorias: para los que no lo saben, Simón era San Pedro. Por otro lado, mas abajo se comenta el significado de la expresión, filiación adoptiva.

CiC 81 ¿Qué significa el nombre de Jesús? El nombre de Jesús, dado por el ángel en el momento de la anunciación, significa “Dios salva”. Expresa, a la vez, su identidad y su misión, “porque él salvara al pueblo de sus pecados” (Mateo 1, 21). Pedro afirma que “bajo el cielo no se ha dado otro nombre que pueda salvarnos” (Hechos 4, 12).
CiC 82. ¿Por qué Jesús es llamado Cristo? “Cristo”, en griego, y “Mesías”, en hebreo, significan “ungido”. Jesús es el Cristo porque ha sido consagrado por Dios, ungido por el Espíritu Santo para la misión redentora. Él es el Mesías esperado por Israel y enviado por el Padre. Jesús ha aceptado el título de Mesías, precisando, sin embargo, su sentido: “Bajado del cielo” (Juan 3, 13*) crucificado y después resucitado. Él es el siervo sufriente “que da su vida en rescate por muchos” (Mateo 20, 28). Del nombre de Cristo nos viene el nombre de cristianos.
Jesús dialoga con Nicodemo (dice Jesús, refiriéndose a el mismo) *Juan 3, 13 : Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el hijo del hombre, que está en el cielo.
CiC 83. ¿En qué sentido Jesús es el “Hijo unigénito de Dios”? Jesús es el Hijo unigénito de Dios en un sentido único y perfecto. En el momento de su Bautismo (en el río Jordán) y la Transfiguración, la voz del Padre señala a Jesús como su “Hijo predilecto”. Al presentarse a sí mismo como el Hijo, que “conoce al Padre” (Mateo 11, 27), Jesús afirma su relación única y eterna con Dios su Padre”. Él es “el Hijo unigénito de Dios” (1 Juan 4, 9), la segunda persona de la Trinidad. Es el centro de la predicación apostólica: los Apóstoles han visto su gloria, “que recibe del Padre como Hijo único” (Juan 1, 14).

CiC 84. ¿Qué significa el título de Señor? En la Biblia, el título de “Señor” designa ordinariamente al Dios soberano. Jesús se lo atribuye a sí mismo, y revela su soberanía divina mediante su poder sobre la naturaleza, sobre los demonios, sobre el pecado y sobre la muerte, y sobre todo con su Resurrección. Las primeas confesiones de fe cristianas proclaman que el poder, el honor y la gloria que se deben a Dios Padre se le deben también a Jesús: Dios “le ha dado el nombre sobre todo nombre” (Filipenses 2, 9). Él es el Señor del mundo y de la historia, el único a quien el hombre debe someter de modo absoluto su propia libertad personal.

Divinidad de Jesús; en el manual de teología dogmática de Bujanda:
Se explica la filiación divina de Jesucristo, de la siguiente manera: Jesucristo es Hijo por naturaleza del Padre, engendrado y no adoptado. La Escritura lo llama hijo verdadero, hijo propio e hijo Unigénito. A los hombres nos hace Dios hijos adoptivos suyos al darnos la gracia santificante con la que nos da derecho a heredar sus bienes, y participa a los justos de la naturaleza divina. Adán nos dio la vida natural, Jesucristo nos da la sobrenatural de la gracia.
Se nos facilitan, en el manual, unas cuantas citas Bíblicas que hacen referencia a la divinidad del Hijo de Dios:
- Jesucristo es más antiguo que el mundo, dice en Juan 17, 5: “… ahora, Padre, glorifícame tú junto a ti con la gloria que tenía contigo antes de existir el mundo”.
- Es también más antiguo que Abraham, dice Juan 8, 58: Jesús les dijo: “Os aseguro que antes que naciera Abraham existo yo”.
- Perdona los pecados, es decir, las ofensas hechas a Dios. Mateo 9, 2 y 6: De pronto le llevaron un paralítico tendido en una camilla. Jesús al ver su fe, dijo al paralítico: “Animo, hijo, tus pecados te son perdonados”. “… Pues para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, digo al paralítico: “tu, levántate, carga con tu camilla y vete a tu casa”.
- Se le ha dado toda potestad en el cielo y la tierra. Mateo 28, 18: Jesús se acercó y les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra…”
- Todo le obedece y se le somete. El mar y los vientos (S. Marcos 4, 39); las plantas (S. Mateo 21,19); las enfermedades (S. Mateo capítulos 8 y 9); la muerte (S. Juan 11, 1 y sig); los demonios (S. Marcos 1, 23 y sig).
- Cuando llevaron preso a Jesús a casa de Caifás, el sumo sacerdote le conjura a que responda si él es el Ungido de Dios y responde que sí. S. Mateo 26, 63-64: “te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el mesías, el hijo de Dios” Jesús contestó: “Tú lo has dicho. Y os declaro que desde ahora veréis al hijo de hombre sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes de los cielos”.
- Porque hay que amarle más a él que al padre, a la madre o a la propia vida. Mateo 10, 37 y siguientes: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí, y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que la pierda por mí, la ganará.
Perfecciones de Jesucristo
Ciencia: conocía todas las cosas, porque Dios lo sabe todo. Jesucristo en cuanto hombre, no ignoraba pues, cosa ninguna.
Santidad: tiene toda santidad, pues el mismo es el Verbo.
Impecabilidad: Jesucristo era impecable, ni pecó ni podía pecar; No tuvo tampoco lo que llamamos concupiscencia. Dice en Hebreos 4, 15: Se hizo “semejante en todo a nosotros, menos en el pecado”.
El misterio de la Encarnación
Tercer artículo del credo: “Jesucristo fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen».
CiC 85. ¿Por qué el Hijo de Dios se hizo hombre?
El Hijo de Dios se encarnó en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación: es decir, para reconciliarnos a nosotros pecadores con Dios, darnos a conocer su amor infinito, ser nuestro modelo de santidad y hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2 P 1, 4).

CiC 86. ¿Qué significa la palabra Encarnación?
La Iglesia llama “Encarnación” al misterio de la unión admirable de la naturaleza divina y la naturaleza humana de Jesús en la única Persona divina del Verbo. Para llevar a cabo nuestra salvación, el Hijo de Dios se ha hecho “carne” (Juan 1, 14*), haciéndose verdaderamente hombre. La fe en la Encarnación es signo distintivo de la fe cristiana.
*Juan 1, 14: Y aquel que es la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros
CiC 87. ¿De qué modo Jesús es verdadero Dios y Verdadero hombre?
En la unidad de su Persona divina, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, de manera indivisible. Él, Hijo de Dios, “engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre”, se ha hecho verdaderamente hombre, hermano nuestro, sin dejar con ello de ser Dios, nuestro Señor.
CiC 88. ¿Qué enseña a este propósito el Concilio de Calcedonia?
El Concilio de Calcedonia enseña que “hay que confesar un solo y mismo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, compuesto de alma racional y de cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad, y consubstancial con nosotros según la humanidad; “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado” (Hb 4, 15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad y, por nosotros y nuestra salvación, nacido en estos últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad”.
CiC 89. ¿Cómo expresa la Iglesia el misterio de la Encarnación?
La Iglesia expresa el misterio de la Encarnación afirmando que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre; con dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la Persona del Verbo. Por tanto, todo en la humanidad de Jesús – milagros, sufrimientos y la misma muerte- debe ser atribuido a su Persona divina, que obra a través de la naturaleza humana que ha asumido.
“¡Oh Hijo Unigénito del Verbo de Dios! Tú que eres inmortal, te dignaste, para salvarnos, tomar carne de la santa Madre de Dios y siempre Virgen María (…) Tú, Uno de la Santísima Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, ¡Sálvanos!” (Liturgia bizantina de san Juan Crisóstomo).
CiC 90. ¿Tenía el Hijo de Dios hecho hombre un alma con inteligencia humana?
El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. Penetraba asimismo los pensamientos secretos de los hombres y conocía plenamente los designios eternos que Él había venido a revelar.
CiC 91 ¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado?
Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. En su vida terrena, el Hijo de Dios ha querido humanamente lo que Él ha decidido divinamente junto con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación. La voluntad humana de Cristo sigue, sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella.
CiC 92. ¿Tenía Cristo un verdadero cuerpo humano?
Cristo asumió un verdadero cuerpo humano, mediante el cual Dios invisible se hizo visible. Por esta razón, Cristo puede ser representado y venerado en las sagradas imágenes.
Lectura recomendada, de las cartas de los Apóstoles: Colosenses 1, 15: Cristo es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque por el mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por él y para él; y él mismo existe antes que todas las cosas, y todas subsisten en él.
CiC 93. ¿Qué representa el corazón de Jesús?
Cristo nos ha conocido y amado con un corazón humano. Su corazón traspasado por nuestra salvación es el símbolo del amor infinito que Él tiene al Padre y a cada uno de los hombres.

CiC 94. ¿Qué significa la expresión “concebido por obra y gracia del Espíritu Santo?
Qué Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo significa que la Virgen María concibió al Hijo eterno en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti…” (Lucas 1, 35), le dijo el ángel en la Anunciación.
El misterio de la Encarnación, como dice en el catecismo “CREDO” (de Monseñor Schneider):
El misterio de la Encarnación se refiere al hecho de que “el Hijo eterno de Dios unió a sí mismo una naturaleza humana completa en su única Persona divina, llamada Jesucristo: El verdadero Dios nació con una naturaleza completa y perfecta de verdadero hombre; perfectamente hombre y perfectamente Dios”.
En el numeral 210, se nos recuerda que la adoración que se le debe al Padre se le debe también al Hijo. Dice en Juan 5, 23: “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió”.
¿Porqué la Encarnación de Dios es un misterio?
«Misterio es una verdad que ninguna criatura puede comprender o explicar completamente. Algunos misterios son naturales y otros sobrenaturales. Debido a que toda mente es creada finita, siempre habrá límites que no podrá traspasar y verdades que nunca podrá comprender por completo».
¿Porqué es necesario creer y profesar la Encarnación del hijo de Dios?
Numeral 294 : «Toda nuestra vida y existencia depende de la Encarnación del Hijo de Dios. Los que la nieguen tendrán tristeza en esta vida y se perderán eternamente en la otra: «Si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestro pecado». (Juan 8, 24) «.
Del misterio de la Encarnación, se deducen las siguientes verdades fundamentales, en forma sintética :
– Jesucristo es nuestro Señor y Dios. Juan 20, 28-29. Tomás contestó: “¡Señor mío y Dios mío!”. Jesús dijo: “Has creído porque has visto. Dichosos los que creen sin haber visto”.
– Jesucristo es llamado Hijo Único de Dios, porque solo Él, desde toda la eternidad, es engendrado por el Padre, siendo consustancial a Él. Los que son configurados a El por la gracia de la adopción también pueden ser llamados “hijos de Dios”.
– Jesucristo fue verdadero hombre, de carne y sangre, por lo mismo estuvo sujeto al hambre o la sed, cansancio, etc.; su cuerpo y su alma estuvieron sujetos al sufrimiento, más por su condición divina su voluntad poseía la perfección de Dios mismo.
–Jesucristo es una sola Persona, la Persona divina del Hijo de Dios. Dice el Credo Atanasio: “no por una mezcla de sustancias, sino por la unidad de la Persona”.
Lectura recomendada, de las cartas de los Apóstoles: En las sagradas escrituras se habla acerca de la divinidad de Cristo en muchas ocasiones, en el libro de las cartas de San Pablo a los Colosenses dice:
Colosenses 2, 9: Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y en él, cabeza de todo principado y potestad, habéis alcanzado la plenitud.
Filiación adoptiva del hombre como hijo de Dios:
Catecismo «Credo», numeral 226, dice: «solo se llega a ser hijo de Dios por la fe en Jesucristo, Verbo Encarnado e Hijo de Dios, renaciendo de Dios (Juan 1, 12-13) por el sacramento del bautismo (Juan 3, 5; y 1 P 1, 3-23) ”Hijos de Dios no son los hijos de la carne, sino que los hijos de la promesa son los que se cuentan como descendencia” (Romanos 9, 8).»
Reflexiones,
vamos a utilizar algunas lecturas del Evangelio de Juan, capítulos 1 y 3 y las cartas de San Pablo,
Según el Evangelio de Juan 1, (lectura con la que comenzamos) en tiempos del rey Herodes, Él vino a los suyos y los suyos no lo conocieron, ni lo recibieron. El es la Luz que vino a este mundo a iluminar a todos los hombres. Él les dio a los que le reciben el ser hijos de Dios.

El mundo no recibió a Cristo, la Luz del mundo.
Luego mas adelante en la lectura del diálogo de Jesús con Nicodemo, dice así Juan el Evangelista: Juan 3, 19 «La causa de la condenación consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz porque sus obras eran malas (…)»
Lectura recomendada: Juan 3, 1- 21.
En la entrada de blog sobre la creación del hombre,(mas abajo en el link, de las ultimas publicaciones) se dice como por el pecado de Adán entró la muerte al mundo; una es la muerte espiritual perdiendo la gracia sobrenatural y otra la física, porque en la condición original en que fuimos creados el hombre no debería sufrir ni morir, CiC 72 – condición original según el designio de Dios-. También con el pecado mortal y personal morimos espiritualmente al separarnos de Cristo.
Luego, en el diálogo de Jesús con Nicodemo, se profundiza en el misterio de la filiación adoptiva, cuando Jesús dice que tenemos que nacer de nuevo, del Espíritu (porque un nacimiento es el de la carne y otro el del Espíritu).
Por Cristo revivimos de la muerte espiritual a través de la filiación adoptiva, y en un futuro, según la promesa, resucitaremos en la carne.
CREDO numeral 226: «solo se llega a ser hijo de Dios por la fe en Jesucristo, Verbo Encarnado e Hijo de Dios, renaciendo de Dios (Juan 1, 12-13) por el sacramento del bautismo (Juan 3, 5; y 1 P 1, 3-23)
Juan 3,5 : Jesús respondió: «te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios».
Otras lecturas de interés, de las cartas de San Pablo. Sin duda son cartas también para nosotros, porque los Apóstoles de Cristo no solo oraron y hablaron para los hombres de antes sino también para los de siempre:
Oración de San Pablo por los Efesios:
Efesios 1, 3-6 y 15 – 18 : El nos ha destinado por medio de Jesucristo, (…) a ser sus hijos (…) no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios, de Nuestro Señor Jesucristo (…) os de Espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cual es la esperanza a la que os llama, cual la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.
San Pablo recomienda a Tito lo que hay que enseñar:
Esto es lo que dice Pablo en la carta a Tito 2, 11 y sig.: “Pues se ha manifestado la gracia de Dios, fuente de salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos y a llevar una vida sobria, justa y religiosa, mientras aguardamos el feliz cumplimiento de lo que se nos ha prometido y la manifestación gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo, que se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos y hacer de nosotros un pueblo escogido, limpio de todo pecado y dispuesto a hacer siempre el bien . Esto es lo que tienes que enseñar, predicar y defender con toda autoridad.
Nota: En otra entrada de blog, siguiendo el magisterio de la Iglesia y el catecismo, hablaremos de la Santísima Virgen María, la madre de Dios. En la misma línea seguiremos con más consideraciones acerca de los misterios de la vida de Jesús.
Mas adelante dedicaremos también varias entradas, al Espíritu Santo, el que lo santifica todo, al bautismo; y a la resurrección.
Listado con las últimas entradas:


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