CAMINANDO AL PARAISO

Doctrina católica


El Credo: Dios Padre creador, el hombre .

Continuamos con el primer artículo del credo sobre Dios Padre creador

Introducción: Dios crea todas las cosas visibles e invisibles y al hombre a su Imagen y Semejanza, para ser elevado a la vida con Dios en el cielo, y este es especialmente amado por El. El hombre desde el primer pecado, por instigación del ángel caído, pierde la condición original de la vida en el Paraíso, quedando sometido a la muerte y al sufrimiento, sin embargo, Dios no le abandona…

Empecemos con una lectura del Evangelio:

Génesis 2, 7: El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, le insufló en sus narices un hálito de vida y así el hombre llegó a ser un ser viviente.

Dignidad del hombre:

En el Catecismo, CiC 59, se dice que Dios es el creador del cielo y la tierra, de todo lo visible y lo invisible, de todos los seres materiales y espirituales, esto es, de los ángeles y del mundo visible y, en particular, del hombre.

En CiC 66 y 67, se dice que el ser humano ha sido creado a Imagen y semejanza de Dios, y que es amado por Él; no es solamente algo sino que tiene la dignidad de persona;  ha sido creado para conocerlo, amarlo y servirle libremente,  y para ser elevado a la vida con Dios en el cielo. Está predestinado a reproducir la imagen del Hijo de Dios hecho hombre, que es la perfecta “imagen de Dios invisible” (Colosenses 1, 15).

Leamos, Pablo a los Colosenses 1, 15-17: Cristo es imagen de Dios Invisible, primogénito de toda la creación, porque por el mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, lo invisible y lo visible, tanto los tronos como las dominaciones, los principados como las potestades; absolutamente todo fue creado por Él y para Él; y el mismo existe antes que todas las cosas, y todas subsisten en Él.

El género humano:

En CiC 68, se dice que todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios, de igual forma tienen un único salvador y todos están llamados a compartir la felicidad eterna con Dios.

El alma y el cuerpo:

En CiC 69 y 70, se dice que la persona humana es a la vez un ser corporal y espiritual, ambos forman una única naturaleza, y participa de la dignidad de imagen de Dios. El alma no viene de los progenitores, sino que es creada directamente por Dios, y es inmortal. El alma al separarse del cuerpo en el momento de la muerte, no perece; se unirá de nuevo al cuerpo en el momento de la resurrección final.

Hombre y mujer:

CiC 71. Hombre y mujer han sido creados por Dios con igual dignidad en cuanto personas humanas y, al mismo tiempo, con una recíproca complementariedad en cuanto varón y mujer. Dios los ha querido el uno para el otro, para una comunión de personas. Juntos están también llamados a transmitir la vida humana, formando en el matrimonio “una sola carne” (Genesis 2, 24), y a dominar la tierra como “administradores» de Dios.

La vida del Paraíso terrenal; condición original del ser humano, según el designio de Dios:

CiC 72. Al crear al hombre y a la mujer, Dios les había dado una especial participación de la vida divina, en un estado de santidad y justicia. En este proyecto de Dios, el hombre no habría debido sufrir ni morir. Igualmente reinaba en el hombre una armonía perfecta consigo mismo, con el Creador, entre hombre y mujer, así como entre la primera pareja humana y toda la Creación.

La caída de los ángeles:

CiC 74. Con esta expresión se indica que Satanás y los otros demonios, de los que hablan la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, eran inicialmente ángeles creados buenos por Dios, que se transformaron en malvados porque rechazaron a Dios y a su Reino, mediante libre e irrevocable elección, dando así origen al infierno. Los demonios intentan asociar al hombre a su rebelión contra Dios, pero Dios afirma en Cristo su segura victoria sobre el Maligno.

La caída del hombre:

Adán y Eva lloran la muerte de su hijo Abel.

CiC 73 dice que, la realidad del pecado, presente en la historia del hombre se esclarece a la luz de la Revelación divina, a la luz de Cristo, el Salvador de todos (…).

Primer pecado del hombre:

CiC 75. El hombre, tentado por el diablo, dejó apagarse en su corazón la confianza hacia su Creador y, desobedeciéndole, quiso “ser como Dios” (Génesis 3, 5), sin Dios, y no según Dios. Así Adán y Eva perdieron inmediatamente, para sí y para todos sus descendientes, la gracia de la santidad y de la justicia originales.

El pecado original:

CiC 76. El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado “contraído” no “cometido” por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa de la unidad del origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza humana, “no por imitación sino por propagación”. Esta trasmisión es un misterio que no podemos comprender plenamente.

Otras consecuencias del pecado original:

CiC 77. Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana sin estar totalmente corrompida, se halla herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento, y al poder de la muerte, e inclinada al pecado. Esta inclinación al mal se llama concupiscencia.

¿Qué hizo Dios después del primer pecado del hombre?:

CIC 78. Después del primer pecado, el mundo ha sido inundado de pecados, pero Dios no ha abandonado al hombre al poder de la muerte, antes al contrario, le predijo de modo misterioso, en el “Proto-evangelio” (Génesis 3, 15), que el mal sería vencido y el hombre levantado de la caída. Se trata del primer anuncio del Mesías Redentor. Por ello, la caída será incluso llamada Feliz culpa, porque “ha merecido tal y tan grande Redentor” (Liturgia de la Vigilia pascual) .

El hermoso final de la restauración:

Reflexión: Cuando se cumplan las profecías del Reinado Mesiánico de Cristo sobre la tierra, será restaurado su plan original, porque todo tiene que ser renovado. El último enemigo en vencer será la muerte, dice la Escritura.

Profecía de Isaías 65, 25; El lobo y el cordero pastarán juntos, el león comerá paja como el buey (…)

¡Vuelve pronto Señor!

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